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Síndrome del ocaso: sus hijas pensaban que la estaban perdiendo

agitación por la tarde

La historia real de una mujer de 97 años que volvió a dormir, hablar, moverse y participar en la vida de su familia.

Cuando conocí a Teresa tenía 97 años y sus hijas sentían que la estaban perdiendo.

No había sucedido una única catástrofe. Era algo más lento y, posiblemente, más doloroso: veían cómo su madre se iba apagando delante de ellas.

Teresa había sido propietaria de un bar hasta los 60 años. Siempre había dormido bien y siempre había sido una mujer alegre.

Pero desde una hospitalización en diciembre, las noches habían cambiado. Se despertaba angustiada, nerviosa y con la sensación de que se ahogaba. Durante el día permanecía adormilada.

Caminaba únicamente del sillón al baño, unas cinco veces al día. Hacía años que no salía a la calle caminando. Tenía un dolor importante en el hombro y el brazo derechos por una rotura del manguito de los rotadores y del tendón del bíceps. Comía poco. Dependía de otras personas para prácticamente todo.

Además, había recibido risperidona y quetiapina, pero su sueño, su angustia y su conducta no habían mejorado.

Cuando la exploré, encontré «agua en el pulmón» y edemas que llegaban hasta los muslos y también afectaban a los brazos. No había un único problema llamado demencia. Había insuficiencia cardiaca, dolor mal controlado, inmovilidad, somnolencia, hipotensión, desnutrición y un tratamiento que necesitaba ser revisado.

Sus hijas no necesitaban que alguien les dijera que su madre tenía 97 años.

Necesitaban saber qué estaba ocurriendo y qué parte todavía tenía margen de mejoría.

agitación por la tarde

La primera mejoría no fue espectacular

Empezamos a trabajar en marzo de 2026.

No hubo una pastilla milagrosa ni una única recomendación. Tratamos el dolor, ajustamos la medicación, revisamos el exceso de control de la tensión, abordamos la retención de líquidos, reforzamos la alimentación y comenzamos a moverla más.

También fuimos reduciendo la quetiapina bajo supervisión médica.

Dos semanas después, una de sus hijas empezó a notar algo.

En la ducha, Teresa estaba más segura. Su pisada parecía más estable. Dormía mejor, pasaba menos tiempo adormilada durante el día y había empezado a salir casi a diario, aunque fuera en silla de ruedas.

Incluso había ido a una procesión de Viernes Santo.

Y hacía sentadillas.

Puede parecer pequeño. Para una hija que lleva meses viendo apagarse a su madre, no lo es.

Es el primer momento en el que piensa: «Quizá todavía no la hemos perdido».

La recuperación no fue una línea recta

En mayo seguía teniendo mucho dolor en el brazo, el hombro y el codo. Un traumatólogo les había dicho que aquello «no tenía solución para su edad».

La analítica mostró una albúmina de 2,81 g/dl, compatible con una desnutrición proteica importante. La tensión arterial seguía excesivamente baja y la frecuencia cardiaca descendía algunos días hasta 54 latidos por minuto.

Había avances: comía mejor, se levantaba más temprano, descansaba más y salía de casa cuatro o cinco veces por semana. Pero sus hijas todavía no veían una transformación clara.

Y siguieron.

Esta parte también importa. Las familias reales no viven una sucesión perfecta de mejorías. Hay días buenos, días malos y semanas en las que parece que todo el esfuerzo no está cambiando nada.


Está más tranquila, pero disfruta menos


En junio apareció una nueva preocupación.

Teresa estaba más inquieta por las tardes. La familia decía que se ponía «más rebelde» y que se entristecía cuando le llevaban la contraria.

Había una frase especialmente importante:

«Está más tranquila, pero ahora disfruta menos».

Eso no era suficiente.

El objetivo nunca puede ser conseguir que una persona moleste menos a cambio de verla más apagada.

Durante la consulta comprobamos que Teresa entendía indicaciones sencillas. Tenía menos palabras que antes, pero todavía podía participar. Le di unas camisas y fue capaz de abotonarlas.

Ahí encontramos algo que aún estaba vivo.

Les pedí que no la dejaran simplemente sentada mientras los demás hacían la vida de la casa. Que caminara todo lo posible y que participara en actividades reales: doblar ropa, emparejar calcetines, abotonar camisas, ayudar con la comida.

No para entretenerla.

Para que volviera a sentirse parte de su familia.

La llamada desde la Sierra de Gredos


El 14 de julio volví a verla, pero esta vez por videoconferencia. Estaba pasando unos días con su familia en la Sierra de Gredos.

La mujer que apareció en la pantalla no era la misma que yo había conocido en marzo.

Estaba más contenta, más comunicativa y encontraba mejor las palabras. Intervenía espontáneamente y no dejaba de hablar.

En un momento de la conversación dijo:

«Yo siempre he sido una persona alegre».

Dormía muy bien. Comía con apetito. Participaba en la casa haciendo costura, jugando y ayudando a preparar alimentos, como cortar o secar patatas.

Y por las tardes ya no aparecían el estrés ni la agitación.

Sus hijas estaban tranquilas, pero no porque su madre estuviera dormida, sedada o ausente.

Estaban tranquilas porque volvían a reconocerla.

Su madre seguía allí.

Teresa continúa teniendo 97 años. Continúa viviendo con una demencia severa y necesita ayuda para las actividades de la vida diaria. No hemos borrado sus enfermedades ni la hemos convertido en una mujer de 70 años.

Pero duerme, come, habla, se mueve, participa y vuelve a disfrutar.

Eso también es mejorar.


¿Era realmente síndrome del ocaso?

El síndrome del ocaso describe la aparición o el empeoramiento de confusión, ansiedad, inquietud, irritabilidad, deambulación o agitación al final de la tarde y durante la noche.

Pero decir «síndrome del ocaso» únicamente nos dice cuándo ocurre. No nos explica por qué.

En algunas personas influyen las alteraciones del ritmo sueño-vigilia propias de la demencia. En otras intervienen el cansancio, la falta de luz, el dolor, el hambre, la sed, una infección, el estreñimiento, determinados medicamentos, un ambiente ruidoso o una necesidad que la persona ya no sabe expresar. [Mayo Clinic]

Y, a veces, la inquietud de la tarde también guarda relación con todo lo que no ha ocurrido durante el día: movimiento, luz natural, conversación, decisiones y actividades con sentido.

Por eso, no toda persona con demencia que se altera por la tarde necesita automáticamente más medicación.

Antes de tratar la conducta, hay que reconstruir la historia


Cuando una madre o un padre cambia de comportamiento, yo no empiezo preguntando únicamente qué medicamento podemos añadir.

Primero necesito saber:

  • ¿El cambio ha sido repentino o progresivo?
  • ¿Tiene dolor aunque no sepa explicarlo?
  • ¿Duerme por la noche o pasa el día adormilado?
  • ¿Ha comenzado algún medicamento o ha cambiado alguna dosis?
  • ¿Tiene la tensión demasiado baja?
  • ¿Está estreñido, deshidratado o puede existir una infección?
  • ¿Oye y ve suficientemente bien?
  • ¿Cuánto camina realmente?
  • ¿Come suficiente proteína y energía?
  • ¿Qué hace desde que se levanta hasta que comienza la inquietud?
  • ¿Sigue tomando alguna decisión o participando en la vida familiar?



Las recomendaciones clínicas indican que, antes de iniciar un tratamiento farmacológico o no farmacológico para el malestar en una persona con demencia, deben investigarse las posibles causas clínicas y ambientales. También recomiendan intervenciones psicosociales y actividades personalizadas que favorezcan el interés, el placer y la participación. [Guía NICE sobre demencia]

Los antipsicóticos no son el enemigo, pero tampoco pueden ser la respuesta automática

Hay situaciones en las que un antipsicótico puede estar indicado: cuando existe riesgo de que la persona se haga daño o dañe a otros, o cuando presenta agitación, alucinaciones o delirios que le causan un sufrimiento grave.

Pero utilizarlo únicamente para conseguir que una persona esté callada o resulte más fácil de manejar no debería ser el objetivo.

Cuando se prescribe, debe utilizarse la menor dosis eficaz, durante el menor tiempo posible, y revisar periódicamente si continúa siendo necesario. [Guía NICE sobre demencia]

La quetiapina puede producir somnolencia y sedación, y su ficha técnica incluye advertencias específicas para su utilización en personas mayores con psicosis relacionada con demencia. [Ficha técnica de quetiapina]

Esto no significa que una familia deba retirar un medicamento por su cuenta. Cualquier ajuste debe realizarse bajo supervisión médica y teniendo en cuenta la situación completa de la persona.

Qué pueden hacer los hijos cuando la inquietud aparece por la tarde


No compre actividades al azar ni convierta la casa en una consulta. Empiece observando.

Durante varios días, anote:

  • A qué hora comienza el cambio.
  • Qué ha hecho la persona durante esa mañana y esa tarde.
  • Cuánto ha dormido, comido, bebido y caminado.
  • Si parece tener dolor, dificultad respiratoria o estreñimiento.
  • Qué medicamentos ha tomado y a qué hora.
  • Qué estaba ocurriendo alrededor: ruido, visitas, oscuridad, cambio de cuidador o discusiones.
  • Qué actividades la tranquilizan sin apagarla.

Esa información puede ser mucho más útil que decir simplemente: «Por la tarde se pone imposible».

Si el cambio aparece bruscamente en horas o pocos días, o se acompaña de fiebre, dificultad respiratoria, somnolencia nueva, caída, dolor intenso, incapacidad para comer o beber o una alteración marcada respecto a su situación habitual, necesita una valoración médica sin demora.

Cuidar no siempre significa hacer más por ellos

Las hijas de Teresa no consiguieron este cambio doblando dos camisas un día.

Sostuvieron durante meses un plan que incluyó tratar el dolor, ajustar la medicación, controlar la insuficiencia cardiaca y la tensión arterial, mejorar la alimentación, aumentar el movimiento, sacarla de casa y devolverle actividades con sentido.

No hicieron más cosas por su madre.

Empezaron a hacer más cosas con ella.

Y esa diferencia importa.

Si reconoce esta historia en su madre o en su padre, no se conforme con que le digan que «es la edad» o que «es normal en la demencia». Tampoco modifique tratamientos por su cuenta.

Necesita saber qué está provocando el cambio, qué problemas pueden tratarse y qué capacidades todavía tienen vida que ganar.

En Geriatría Contigo® realizamos una valoración geriátrica integral para ordenar cuerpo, cerebro, medicación, nutrición, fuerza, sueño, entorno y vida cotidiana, y convertir la preocupación de la familia en un plan.

Comparta este artículo con esa familia que cree que lo necesita.

Y es que, claramente, tengo el trabajo más bonito del mundo.

Y eso me hace muy feliz.

**Aviso médico:** Este contenido es informativo y no sustituye una valoración clínica individual. No modifique ni suspenda tratamientos sin supervisión médica. 

Historia compartida con autorización. El nombre y algunos detalles identificativos han sido modificados para preservar su intimidad.

¿qué te ha parecido esta historia? Cuéntamelo en comentarios

Dra. Paola Ríos German

Médico. Especialista en Medicina Preventiva y Salud Publica. Especialista en Geriatría.

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Mi padre no puede dormir

Me llamaron desde Cadiz porque el padre no dormía.

Y mirad todo lo que encontramos.

Comparto esta historia con permiso.

Hace tres semanas vi a un hombre cansado, confuso por momentos, con problemas importantes de sueño y una familia muy preocupada.

Se despertaba de madrugada. La tensión subía mucho. Había alucinaciones. Había cansancio. Y, como ocurre muchas veces en geriatría, no había una sola pieza que explicara todo.

Hoy veo otra cosa.

  • Veo a una persona más presente.
  • Más atenta.
  • Escuchando.
  • Participando.
  • Trabajando junto a su familia para recuperar calidad de vida.

Factores detrás del insomnio

Detrás del insomnio había varios factores que podían estar afectando no solo al sueño, sino también al funcionamiento del cerebro y a la vida de toda la familia: pérdida auditiva, déficit de vitamina B12, hipotiroidismo, alteraciones de la tensión arterial y otros problemas médicos.

Una de esas piezas era la audición.

En este caso, la pérdida de audición puede hacer que tengamos algún tipo de deterioro cognitivo. El deterioro cognitivo puede presentarse de muchas manera, como desorientación o agitación o insomnio

Y esto importa: en un estudio publicado en JAMA Neurology, cada 10 dB de pérdida auditiva se asociaron con un 27% más de riesgo de demencia.

  • La medicina moderna es extraordinaria.
  • Pero a veces cada especialista ve una pieza distinta del puzzle.

Y una persona puede seguir deteriorándose aunque esté siendo atendida por muchos profesionales, si nadie une todas las piezas. Y a eso es lo que llamo como «la medicina fragmentada».

En Geriatría Contigo intentamos ver el dibujo completo.

  • No para tratar solo una analítica.
  • No para tratar solo una cifra de tensión.
  • No para tratar solo el insomnio.
  • Sino para mejorar la calidad de vida de una persona y de su familia.

Bravo por Antonio.

Porque hoy escucha mejor.

Porque participa más.

Porque le veo más atento.

Y porque en esta foto le veo más vivo, más presente y más conectado con su familia.

Y bravo también por una familia que no se rindió cuando las cosas se pusieron difíciles.

¿Quiere que le cuente otros factores tratables que pueden empeorar la memoria, el sueño y la calidad de vida de una persona mayor? Coméntamelo en los comentarios 

Dra. Paola Ríos Germán, PhD
Médico
Especialista en Medicina Preventiva y Salud Publica
Especialista en Geriatria
Doctora Cum Laude UAM
Investigadora del RNFC e Idipaz

Más de 20 años de experiencia

Referencia:
Lin FR et al. Hearing Loss and Incident Dementia. JAMA Neurology. 2011.

¿ya te has registrado al curso que daré el domingo 28 de junio a las 9 pm?



Te puedes inscribir aquí, porque no tenemos que nacer sabiendo qué es deterioro cognitivo y mental, ni cómo abordarlo, pero podemos tener algunas pistas que debemos valorar. Este curso es único, no hay nada parecido en otros lugares. Normalmente se habla de Medicina Preventiva o se habla de Geriatría, y entre media, normalmente entre medias, las familias no tenemos información, lo sé, porque lo he pasado. 

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¿La demencia se puede revertir?

Algunas causas de pérdida de memoria pueden mejorar. Y aunque exista una demencia neurodegenerativa, hay intervenciones que pueden ayudar a conservar capacidades, reducir riesgos y mantener la autonomía durante más tiempo.

Lo que sí puede mejorar aunque exista deterioro cognitivo

Cuando una madre o un padre empieza a perder memoria, a desorientarse, a caerse o a estar más apagado, muchas familias se hacen una pregunta muy concreta:

¿Esto tiene vuelta atrás?

A veces lo formulan de otra manera:

  • “¿Será Alzheimer?”
  • “¿Será demencia?”
  • “¿O no será nada?”

Y ahí aparece una de las trampas más frecuentes: pensar que solo existen dos posibilidades.

  • O no pasa nada.
  • O ya no hay nada que hacer.

Pero la realidad clínica es mucho más amplia.

Algunas causas de pérdida de memoria pueden mejorar: la medicación, la depresión, el aislamiento, el mal sueño, el dolor, las caídas, la pérdida de fuerza, la falta de actividad, los problemas de audición o visión, y algunas enfermedades médicas que afectan al funcionamiento cerebral.

Y aunque exista una demencia neurodegenerativa, como la enfermedad de Alzheimer, también hay mucho que se puede hacer.

  • No siempre podemos borrar el diagnóstico.
  • Pero sí podemos mejorar el funcionamiento.
  • Y en una persona mayor, mejorar el funcionamiento puede significar mucho: menos caídas, menos confusión, más autonomía, más seguridad y más tiempo viviendo con la mejor capacidad posible.

Primero: ¿a qué llamamos demencia?

La palabra “demencia” se usa muchas veces como si fuera una sentencia única.

Pero médicamente conviene distinguir.

La demencia es un síndrome: significa que existe un deterioro cognitivo suficiente como para interferir en la vida diaria de la persona.

Pero no todas las demencias tienen la misma causa.

Y no todo problema de memoria es una demencia.

Una persona puede parecer más deteriorada por muchas razones:

  • medicación sedante,
  • depresión,
  • duelo,
  • aislamiento,
  • mal sueño,
  • dolor,
  • infecciones,
  • alteraciones metabólicas,
  • problemas de audición,
  • problemas de visión,
  • pérdida de fuerza,
  • caídas,
  • falta de estructura diaria,
  • o una combinación de varias de estas cosas.

Por eso, antes de decir “es Alzheimer” o “es normal para su edad”, hay que valorar bien.

La pregunta no debería ser solo:

“¿Tiene demencia o no?”

La pregunta más útil es:

“¿Qué parte de lo que le pasa puede mejorar?”

Entonces, ¿la demencia se puede revertir?

Depende de qué estemos llamando demencia.

Si hablamos de una enfermedad neurodegenerativa establecida, como la enfermedad de Alzheimer, lo habitual es que no desaparezca ni vuelva completamente al estado previo.

Pero eso no significa que no haya nada que hacer.

Y esta idea es fundamental.

Una cosa es no poder curar una enfermedad neurodegenerativa.

Otra muy distinta es abandonar a la persona a su evolución sin intervenir sobre todo lo que sí se puede mejorar.

  • En muchos casos se puede mejorar el sueño.
  • Se puede revisar la medicación.
  • Se puede tratar el dolor.
  • Se puede mejorar la nutrición.
  • Se puede trabajar la fuerza.
  • Se puede prevenir caídas.
  • Se puede estimular la memoria y las capacidades conservadas.
  • Se puede mejorar la rutina.
  • Se puede reducir el aislamiento.
  • Se puede acompañar mejor a la familia.
  • Y todo eso puede cambiar la trayectoria real de una persona.

Quizá no cambiamos el diagnóstico.

Pero sí podemos cambiar cómo vive esa persona con el diagnóstico.

Causas de pérdida de memoria que pueden mejorar

1. Medicación

Algunos medicamentos pueden producir somnolencia, confusión, desorientación, enlentecimiento, caídas o empeoramiento cognitivo en personas mayores.

Entre ellos, las benzodiacepinas y algunos antipsicóticos merecen especial atención.

  • Esto no significa que no deban usarse nunca.
  • Hay situaciones clínicas en las que pueden estar indicados.
  • Pero sí significa que deben revisarse con cuidado, especialmente si la persona está más apagada, más torpe, más somnolienta, más confusa, con más caídas o con más fallos de memoria.
  • Tampoco significa que haya que retirarlos de golpe.
  • Eso también puede ser peligroso.

La pregunta correcta es:

  • ¿Por qué los toma?
  • ¿Desde cuándo?
  • ¿Siguen siendo necesarios?
  • ¿La dosis es adecuada?
  • ¿Se pueden reducir poco a poco?
  • ¿Existen alternativas reales?

En una persona mayor, la medicación no se debe mirar solo como una lista de fármacos.

Se debe mirar como parte de la historia clínica completa.

2. Depresión, duelo y apatía

La depresión en personas mayores no siempre se presenta como tristeza evidente.

A veces aparece como apatía, pérdida de iniciativa, lentitud, aislamiento, falta de energía o quejas de memoria.

Una persona deprimida puede parecer más deteriorada cognitivamente de lo que realmente está.

También puede salir menos, moverse menos, hablar menos, dormir peor, comer peor y perder fuerza.

Todo eso afecta al funcionamiento cognitivo y físico.

Por eso, cuando aparece un cambio de memoria, no basta con preguntar si recuerda o no recuerda.

También hay que preguntar:

  • ¿Cómo está de ánimo?
  • ¿Qué ha pasado en su vida en los últimos meses o años?
  • ¿Ha perdido a alguien?
  • ¿Ha dejado actividades importantes?
  • ¿Tiene con quién hablar durante el día?
  • ¿Tiene alguna rutina que la sostenga?

3. Aislamiento

El aislamiento no es un detalle menor.

Una persona que pasa muchas horas sola, que conversa poco, que no sale, que no tiene actividades cercanas y que no se siente vinculada a su entorno puede ir perdiendo estimulación, seguridad e iniciativa.

A veces la familia dice:

“Mi madre está peor de memoria.”

Pero al explorar la situación aparece algo más amplio:

  • no habla con casi nadie,
  • no tiene rutina,
  • no sale,
  • no participa,
  • no se mueve,
  • y cada vez depende más de que otros organicen su vida.
  • El cerebro necesita estímulo.

Pero la persona también necesita vínculo, propósito y estructura.

4. Mal sueño

Dormir mal afecta a la atención, la memoria, el estado de ánimo, la marcha, el equilibrio y la capacidad de tomar decisiones.

  • Una persona mayor que duerme mal puede estar más confusa, más irritable, más cansada, más lenta y más torpe durante el día.
  • Además, el mal sueño puede favorecer el uso de medicación sedante.
  • Y esa medicación, a su vez, puede aumentar la somnolencia, la confusión y el riesgo de caídas.
  • De nuevo, el problema rara vez es una sola cosa.
  • Suele ser una cadena.

5. Dolor

El dolor persistente consume atención.

También reduce movilidad, empeora el sueño, favorece el aislamiento y puede alterar el ánimo.

Una persona con dolor puede parecer más apagada, más lenta o menos participativa.

Si además se mueve menos por miedo, pierde fuerza.

Y si pierde fuerza, aumenta el riesgo de caídas.

Por eso, cuando una persona mayor parece empeorar cognitivamente, también conviene preguntarse:

  • ¿Tiene dolor?
  • ¿Lo expresa bien?
  • ¿Se mueve menos?
  • ¿Ha dejado de caminar?
  • ¿Ha cambiado su postura, su marcha o su forma de levantarse?

6. Pérdida de fuerza y caídas

Las caídas no son solo un accidente.

En geriatría, una caída puede ser una señal de alarma.

Puede indicar pérdida de fuerza, problemas de equilibrio, efectos de medicación, alteraciones visuales, dolor, bajadas de tensión, miedo a caminar, deterioro cognitivo o una combinación de varios factores.

Después de una caída, muchas personas mayores empiezan a moverse menos.

Al moverse menos, pierden fuerza.

Al perder fuerza, aumenta el riesgo de nuevas caídas.

Y así puede empezar un círculo de fragilidad, miedo, dependencia y pérdida de autonomía.

Por eso, si una persona empieza a caerse y además está más despistada, más somnolienta o más desorientada, conviene valorar el conjunto.

El caso de María: parecía demencia, pero había factores modificables

María había tenido una depresión muy importante tras la muerte de su hijo.

Durante un tiempo necesitó tratamiento. Eso podía tener sentido en aquel momento.

Pero cuando la conocí habían pasado años.

El duelo, en gran parte, ya se había elaborado.

La depresión ya no era el problema principal.

Sin embargo, María seguía tomando una medicación que quizá ya no encajaba con su situación actual: dos antidepresivos, dos benzodiacepinas y un antipsicótico.

  • Y empezaron los cambios.
  • Perdía memoria.
  • Se desorientaba.
  • Estaba más apagada.
  • Tenía menos iniciativa.
  • Y empezó a caerse.
  • La familia se hizo la pregunta habitual:
  • “¿Será Alzheimer?”
  • Pero en una persona mayor la pregunta no puede ser solo esa.

También había que mirar otras cosas.

  • María no tenía con quién hablar en el día a día.
  • No tenía actividades cercanas.
  • No tenía una estructura que la sostuviera.
  • Había medicación que podía estar empeorando su somnolencia, su orientación, su equilibrio y su funcionamiento cognitivo.
  • Se hizo una valoración integral.

No tenía criterios de deterioro cognitivo mayor; es decir, no tenía criterios de demencia.

Pero sí tenía problemas de memoria incipientes, caídas y varios factores que podían estar empujándola hacia abajo.

El plan no fue simplemente “quitar una pastilla”.

Eso habría sido una simplificación peligrosa.

El plan fue mirar la historia completa.

  • Se ajustó la medicación con criterio.
  • Se incorporó terapia psicológica.
  • Se reorganizó el apoyo familiar.
  • Cambió de casa para vivir más cerca de sus hijos.
  • Empezó a tener más actividad, más estructura y más acompañamiento.

Con esos cambios, sus problemas iniciales de memoria mejoraron claramente.

Este caso no significa que todas las pérdidas de memoria sean reversibles.

Tampoco significa que toda persona con deterioro cognitivo mejore igual.

Significa algo más importante:

Antes de asumir que todo es Alzheimer o que todo es irreversible, conviene valorar qué factores están empeorando a esa persona concreta.

Si ya existe una demencia, todavía hay mucho que hacer

Esta es una de las ideas más importantes.

Incluso cuando ya existe una demencia, no es verdad que “no haya nada que hacer”.

Hay mucho margen de intervención.

  • Se puede trabajar para que la persona duerma mejor.
  • Coma mejor.
  • Se mueva mejor.
  • Tenga menos dolor.
  • Tenga menos caídas.
  • Tenga una medicación más ajustada.
  • Mantenga rutinas.
  • Conserve actividad social.
  • Estimule sus capacidades conservadas.
  • Tenga un entorno más seguro.
  • Y tenga una familia que sepa qué esperar, qué vigilar y cómo actuar.
  • Todo eso no es secundario.

Es tratamiento del funcionamiento.

Y en personas mayores, el funcionamiento es central.

Porque la pregunta no es solo qué diagnóstico tiene.

La pregunta es:

  • ¿Puede caminar con seguridad?
  • ¿Puede comer mejor?
  • ¿Puede dormir mejor?
  • ¿Puede participar más?
  • ¿Puede tener menos caídas?
  • ¿Puede estar menos confundida?
  • ¿Puede conservar autonomía durante más tiempo?
  • ¿Puede la familia tomar decisiones antes de llegar a una crisis?

No se trata solo de memoria: se trata de autonomía

Muchas familias llegan a consulta pensando que el problema es “la memoria”.

Pero cuando se valora bien, aparecen otras preguntas:

  • ¿Está tomando bien la medicación?
  • ¿Se equivoca con citas?
  • ¿Maneja bien el dinero?
  • ¿Cocina con seguridad?
  • ¿Sale sola?
  • ¿Se orienta en su entorno?
  • ¿Ha dejado de hacer actividades?
  • ¿Camina peor?
  • ¿Se ha caído?
  • ¿Está más apagada?
  • ¿Necesita más supervisión que antes?

Estas preguntas son importantes porque la demencia no se mide solo por lo que una persona recuerda.

También se mide por cómo sostiene su vida diaria.

  • Una persona puede hablar bien y, aun así, estar empezando a perder autonomía.
  • Puede contar historias antiguas y, sin embargo, fallar con la medicación de esta semana.
  • Puede comportarse correctamente en una comida familiar y no ser capaz de organizar sus citas, sus compras o sus documentos.
  • Por eso no basta con preguntar:

“¿Se acuerda o no se acuerda?”

Hay que preguntar:

“¿Puede sostener su vida igual que antes?”

Qué riesgo hay en no valorar a tiempo

El riesgo de no hacer nada no es solo que la persona “siga igual”.

A veces el problema es que los factores modificables siguen actuando.

  • Más somnolencia.
  • Más confusión.
  • Más caídas.
  • Más miedo.
  • Más aislamiento.
  • Más pérdida de fuerza.
  • Más dependencia.
  • Más riesgo de fractura.
  • Y si ya existe deterioro cognitivo, esos factores pueden hacer que la pérdida de autonomía sea más rápida.

No se trata de asustar.

Se trata de llegar antes.

Porque muchas familias consultan cuando ya ha ocurrido una caída, un ingreso, una fractura, una crisis familiar o una pérdida clara de autonomía.

Y en geriatría, llegar antes cambia mucho el margen de actuación.

Cuándo conviene valorar

Conviene pedir una valoración si su madre o su padre:

  • se repite más que antes,
  • olvida citas o medicación,
  • se desorienta,
  • está más apagado,
  • ha perdido iniciativa,
  • duerme peor,
  • se cae,
  • camina peor,
  • ha dejado de salir,
  • se mueve menos,
  • come peor,
  • está más somnoliento,
  • se equivoca con compras, dinero o documentos,
  • o necesita más supervisión que hace unos meses.
  • Esto no significa necesariamente que tenga demencia.

Pero sí significa que no conviene explicarlo todo como “normal para la edad”.

Una valoración médica geriátrica no tiene como objetivo poner una etiqueta rápida.

Tiene como objetivo ordenar el caso.

Ver qué parte puede mejorar.

Qué parte hay que estudiar mejor.

Qué riesgos existen.

Qué decisiones conviene tomar ahora.

Y qué necesita realmente la familia.

Conclusión

¿La demencia se puede revertir?

A veces, lo que parece demencia no lo es. Hay causas de pérdida de memoria, confusión o deterioro funcional que pueden mejorar mucho si se identifican y se tratan.

Otras veces sí existe una enfermedad neurodegenerativa.

Pero incluso entonces es falso que no haya nada que hacer.

Dormir mejor, comer mejor, moverse mejor, revisar la medicación, tratar el dolor, prevenir caídas, estimular capacidades conservadas, mejorar la rutina, reducir el aislamiento y acompañar a la familia puede cambiar mucho la evolución real de una persona.

Quizá no siempre cambiamos el diagnóstico.

Pero sí podemos cambiar el funcionamiento.

Y en una persona mayor, eso puede significar más autonomía, más seguridad y más vida.

La clave no es adivinar.

La clave es valorar.

Porque una familia no necesita solo saber si es Alzheimer.

Necesita saber qué está fallando, qué puede mejorar y qué decisiones tomar antes de que llegue una crisis.

Por cierto:

Este domingo 28 de junio a las 9 om, hora de Madrid España, hablaremos de todo esto. Te puedes registrar gratis aquí

https://geriatriacontigo.com/acompanar-padres-consulta-abierta-online/

Bibliografía breve

American Geriatrics Society. 2023 updated AGS Beers Criteria for potentially inappropriate medication use in older adults. Journal of the American Geriatrics Society. 2023.

Livingston G, et al. Dementia prevention, intervention, and care: 2024 report of the Lancet standing Commission. The Lancet. 2024.

Ngandu T, et al. A 2 year multidomain intervention of diet, exercise, cognitive training, and vascular risk monitoring versus control to prevent cognitive decline in at-risk elderly people: a randomised controlled trial. The Lancet. 2015.

National Institute for Health and Care Excellence. Dementia: assessment, management and support for people living with dementia and their carers. NICE guideline NG97. 2018.

World Health Organization. Risk reduction of cognitive decline and dementia: WHO guidelines. 2019.

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Programa Sénior 360º: el plan integral de recuperación para personas mayores


¿Qué es el Programa Sénior 360º?

El Programa Sénior 360º es un plan terapéutico integral diseñado para adultos de 65 años o más que presentan síntomas leves o moderados de deterioro físico o cognitivo. No es una consulta puntual ni un curso. Es un acompañamiento médico estructurado de 6 meses que aborda simultáneamente todas las áreas que influyen en la salud de una persona mayor.

Lo desarrollé tras más de 20 años de investigación y práctica clínica en los mejores hospitales de España. Desde noviembre de 2025 está disponible también en formato grupal, como evolución natural del programa individual que llevo ofreciendo durante 6 años.


¿Por qué un programa y no una consulta?

Porque el deterioro en las personas mayores nunca tiene una sola causa.

En mi experiencia clínica, el 90% de los casos que llegan a mi consulta tienen al menos tres problemas simultáneos que nadie ha abordado juntos: polifarmacia, pérdida de masa muscular, déficit nutricional, aislamiento social, deterioro cognitivo no evaluado correctamente.

Una consulta de 10 minutos no puede resolver eso. Un plan de 6 meses, sí.


Las 5 áreas que evaluamos

Antes de construir el plan, realizo una valoración geriátrica integral que analiza:

Medicación. Revisamos toda la historia clínica y detectamos casos de polifarmacia — medicación duplicada, inadecuada para la edad o que está causando efectos adversos que se confunden con deterioro.

Función física. El 50% del éxito del programa depende de recuperar la autonomía física. Cuando una persona mayor recupera movilidad, recupera también motivación y calidad de vida.

Estado cognitivo. Evaluamos memoria, atención, orientación y estado emocional. La salud cognitiva, el sueño y el ánimo están profundamente relacionados.

Analítica. Detectamos carencias frecuentes en personas mayores: hierro, vitamina D, B12, función tiroidea. Muchos deterioros que parecen irreversibles tienen causas analíticas tratables.

Nutrición. Ajustamos la alimentación para recuperar masa muscular, energía y función cognitiva.


¿Qué incluye el programa?

El programa tiene una duración de 6 meses e integra:

5 consultas médicas individuales conmigo, de entre 60 y 75 minutos cada una, realizadas online.

Un informe médico completo y valoración neuropsicológica integral al inicio.

Sesiones semanales de trabajo de fuerza y memoria todos los jueves, conmigo.

Terapia ocupacional grupal tres días a la semana con Cristyn González, especialista con más de 20 años de experiencia en deterioro cognitivo.

Apoyo psicológico quincenal con María Soto, psicóloga y logopeda, fundadora de Educa Bonito.

Encuentros quincenales donde los usuarios se conocen y comparten experiencias en grupo.

Para el cuidador principal, el programa incluye además apoyo psicológico grupal mensual, asesoramiento completo sobre la Ley de Dependencia y una comunidad de WhatsApp con reuniones quincenales.


¿Para quién es el Programa Sénior 360º?

Para adultos de 65 años o más con despistes, o sensación de debilidad (deterioro cognitivo o físico leve o moderado) que quieren un plan real para revertir o frenar ese proceso.

Es importante que la persona pueda caminar y tener una conversación lógica. Si no es así, el programa individual es más adecuado.

Puede ser candidato si tu padre o madre:

— Tiene olvidos ocasionales pero mantiene conversación. — Camina solo aunque necesite supervisión puntual. — Come con normalidad, aunque con algo menos de apetito. — Está más apagado, menos activo o con cambios de carácter.

Necesita programa individual si no mantiene conversaciones lógicas, confunde a personas cercanas, tiene incontinencia total o no camina sin ayuda física constante.


Una llamada que lo aclara todo

Antes de inscribirse, realizo siempre una llamada de valoración gratuita de 30 minutos. En esa llamada evalúo si la persona es candidata al programa grupal o individual, y te explico exactamente qué podemos conseguir en su caso concreto.

Es sin compromiso. Y en 30 minutos tienes más claridad de la que has obtenido en meses de consultas.

Conoce el programa completo aquí

Agenda tu llamada de valoración

Dra. Paola Ríos Germán, PhD

Médico. Especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública.
Especialista en Geriatría
Premio de la Organización Mundial de la Salud por trabajo de investigación.

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No todo es Alzheimer: Delirium, agitación y el abuso de la quetiapina

Persona mayor sentada en un sillón en su domicilio, con expresión atenta, utilizada para ilustrar la agitación en personas con deterioro cognitivo

(… sí, no todo es Alzheimer y agregar quetiapina: primero busquemos las causa de agitación o de delirium)

Si tu madre o su padre tiene Alzheimer (o demencia o deterioro cognitivo)
y, de repente, ha cambiado de forma brusca 
—está más agitado, duerme mal, grita, se muestra agresivo o parece “otra persona”—
es normal pensar que la enfermedad ha avanzado.

También es normal aceptar cualquier medicación que prometa calma.

Quiero decirte algo importante desde el principio:
muchas veces no es así.

En personas mayores, estos cambios pueden deberse a causas tratables,
y cuando no se reconocen a tiempo, se confunden con un empeoramiento irreversible.
Este texto no pretende juzgar decisiones pasadas.
Pretende ayudarle a entender qué puede estar pasando 
y qué merece revisarse antes de añadir una pastilla más.

Si ahora mismo estás cansado, asustado o desbordado, quédate con esta idea:
la agitación no es un diagnóstico.
Es una señal de alarma, que se puede modificar


La agitación normalmente no es “el Alzheimer empeorando”

En la práctica clínica veo con frecuencia la misma secuencia:
una persona con Alzheimer presenta agitación ? se interpreta como progresión de la enfermedad ? se prescribe quetiapina u otro antipsicótico.

Esta secuencia es habitual, pero no siempre correcta.

Las guías clínicas internacionales coinciden en algo fundamental:
la agitación es un síntoma, no una enfermedad en sí misma.

Y uno de los grandes errores en personas mayores es no diferenciar entre progresión del Alzheimer y delirium.


Delirium: el gran olvidado

El delirium (síndrome confusional agudo) es extremadamente frecuente en personas mayores,
especialmente en aquellas con demencia previa.

Sus características principales son:

  • inicio agudo o subagudo (horas o días),
  • curso fluctuante, la noche suele peor que el día
  • empeoramiento habitual por la tarde o la noche,
  • alteración de la atención, la conciencia o la percepción.

Las guías NICE, los consensos europeos y las revisiones sistemáticas muestran que:

  • más del 50 % de los delirium no se reconocen,
  • se confunden con “empeoramiento del Alzheimer”,
  • y se tratan de forma inadecuada.

Este error tiene consecuencias:
más medicación, más caídas, más hospitalizaciones y más sufrimiento.


¿Por qué aparece la agitación?

En geriatría, la agitación casi nunca es psiquiátrica aislada.
Suele ser la manifestación final de varios factores que se acumulan.

Cuando valoro a una persona con agitación, reviso siempre estas esferas:

1. Médica

  • Infecciones (aunque no haya fiebre), dolor, deshidratación, alteraciones metabólicas, estreñimiento o retención urinaria.

2. Farmacológica (clave)

Aquí aparecen muchos problemas:

  • benzodiacepinas,
  • antipsicóticos innecesarios,
  • fármacos que bajan en exceso la tensión o el azucar/gluocosa en sangre
  • cascadas de medicación para “arreglar” efectos secundarios.

Esto no es teoría.
Es una de las causas más frecuentes de delirium.

3. Funcional

  • Pérdida de la marcha, inmovilidad, sarcopenia, miedo a caer.
  • Un cuerpo que no se mueve empeora la confusión.

4. Nutricional

  • Déficit de proteínas, pérdida de peso, ingesta insuficiente
  • Déficits nutricionales

5. Psicosocial

  • Duelo,
  • cambios de entorno,
  • sobreestimulación,
  • pérdida de rutinas y referentes.
  • Cuando no se revisan estas áreas, la agitación se cronifica y se medicaliza.

¿Y la quetiapina?

La quetiapina no trata el delirium.

Esto no es una opinión personal.
Es lo que dicen las guías clínicas y la evidencia de mayor calidad.

Los estudios muestran que los antipsicóticos:

  • no acortan el delirium,
  • no mejoran la función cognitiva,
  • y aumentan el riesgo de ictus, caídas y mortalidad en personas con demencia.

Por eso, las recomendaciones internacionales son claras:
no son tratamiento de primera línea.

Solo deberían considerarse:

  • si existe riesgo grave e inmediato,
  • durante el menor tiempo posible,
  • y tras haber aplicado medidas no farmacológicas.

Usarlos de forma automática no es medicina basada en la evidencia.


Lo que sí funciona (y casi nadie explica)

La mayor parte del abordaje correcto es no farmacológico.

Las guías de delirium y de síntomas conductuales en demencia coinciden en que lo más eficaz es:

  • identificar y tratar la causa desencadenante,
  • retirar medicación innecesaria,
  • movilizar a la persona cada día,
  • tratar el dolor,
  • favorecer un sueño fisiológico (no sedación),
  • asegurar una nutrición adecuada,
  • adaptar el entorno y acompañar a la familia.

Esto no es magia.
Es ciencia bien aplicada.


Un caso real (con consentimiento)

Conocí a Luchi de 90 años por una agitación severa que había generado múltiples cambios de medicación.
No vi solo la agitación.

Vi a la mujer.
Su historia vital.
Su contexto.
El exceso de fármacos.
La pérdida de movimiento y de referencias.

La intervención no consistió en añadir tratamientos, sino en ordenar el sistema:
retirar, ajustar, acompañar.

El resultado no fue la “curación”.
Fue algo mucho más realista:

  • más tranquilidad,
  • menos sufrimiento
  • y la posibilidad de seguir en casa,
  • evitando hospitalizaciones.

Para terminar

No todo es Alzheimer.
No todo empeoramiento es irreversible.
Y no toda agitación necesita una pastilla.

La medicina respetuosa no va de añadir sin parar.
Va de entender, priorizar y respetar.

Cuando algo no encaja, merece una REVISIÓN INTEGRAL por deterioro cognitivo o agitación.
A tiempo, muchas decisiones pueden cambiarse.


Geriatría Contigo
Medicina respetuosa. Especialmente cuando hay deterioro cognitivo.

Dra. Paola Ríos Germán, PhD
Médico · Geriatra · Medicina Preventiva · Investigadora

Bibliografía

  1. NICE – Delirium: prevention, diagnosis and management (CG103)
    National Institute for Health and Care Excellence.
    https://www.nice.org.uk/guidance/cg103
  2. NICE – Dementia: assessment, management and support (NG97)
    National Institute for Health and Care Excellence.
    https://www.nice.org.uk/guidance/ng97
  3. American Geriatrics Society – Clinical Practice Guideline for Delirium
    Journal of the American Geriatrics Society.
    https://agsjournals.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/jgs.15024
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Soledad

Soledad no es solo estar solo. Es el resultado de una vida entera organizada alrededor de un único papel. Una mirada clínica y humana.

Por la Dra. Paola Ríos Germán, PhD

Para María y Amelie


Hace unos meses conocí a un ex CEO de una empresa muy importante en España.
Había trabajado sin parar hasta los 70 años. Prestigio, responsabilidad, reconocimiento.

Sentado frente a mí, con su mujer al lado, me dijo algo que escucho cada vez con más frecuencia en consulta:

Me siento profundamente vacío.

No estaba solo.
No estaba enfermo.
No le faltaban recursos.

Y, aun así, algo esencial no estaba ahí.

Niño vestido con ropa adulta, sentado en un sillón de estilo clásico, representación simbólica de la exigencia y la asignación temprana de roles en la infancia

Esta misma frase no la oigo solo en personas mayores. Empieza a aparecer antes de lo que creemos, a veces ya a los 55 años. Personas que han cumplido con todo lo que se esperaba de ellas. Que han hecho “lo correcto”. Que han llegado donde tenían que llegar.

Y, sin embargo, sienten un cansancio difícil de nombrar.
Una especie de hastío cotidiano.
Como si la vida siguiera… pero sin apoyarse en nada firme.

Por eso hoy quiero hablar de la soledad.
No como algo que aparece de repente en la vejez,
sino como algo que se va construyendo mucho antes, a lo largo de toda una vida.

Porque muchas veces la soledad no empieza cuando alguien se queda solo.
Empieza cuando todo el sentido de una vida se sostiene sobre un único papel.


Desde la infancia

Infancias marcadas por el contexto histórico. Para muchos niños del siglo XX, crecer no fue descubrir quién eran, sino adaptarse a un mundo que exigía fortaleza desde muy temprano.
Soledad explicada desde el contexto histórico, comenzando con la niñez

Para entender la soledad que aparece en muchas personas a partir de cierta edad, hay que volver muy atrás.
No a la jubilación.
No a los diagnósticos.
A la infancia.

Las personas que hoy tienen entre 65 y 85 años crecieron en contextos muy distintos, pero con algo en común: aprendieron pronto a adaptarse.

En gran parte de Europa, la infancia estuvo marcada por la guerra o la posguerra.
En muchos países de Latinoamérica, por crisis económicas, inestabilidad política o violencia prolongada.

La prioridad no era descubrir qué te gustaba o quién querías ser.
La prioridad era salir adelante.

Que hubiera comida.
Que hubiera trabajo.
Que el mañana no fuera peor que el hoy.

Los roles se aprendían temprano, sin reflexión consciente.
Muchas niñas aprendieron a cuidar y a hacerse responsables antes de tiempo.
Muchos niños aprendieron que su valor estaba en rendir y no quejarse.

Expresar miedo, tristeza o duda no era funcional.
No porque no importara, sino porque no encajaba con lo que el entorno exigía.

Pero no todas las infancias difíciles lo fueron por la escasez.
También existieron infancias atravesadas por la exigencia.

Lo veo con frecuencia en consulta.

a soledad no comienza con 80, comienza décadas antes

Recuerdo a una mujer de cincuenta y muchos años, brillante y muy capaz, que había empezado a caerse con frecuencia.
Cuando le hablé de la necesidad de cuidarse físicamente, me respondió sin dudar:

No tengo tiempo.

Al explorar su historia apareció un padre muy exigente.
De los que miraban a los hijos a través de las notas, del rendimiento, de los logros.

No faltó lo material.
Pero el mensaje fue claro: vales cuando cumples.

En ese tipo de crianza, el problema no es la supervivencia.
Es que el valor personal queda ligado al rendimiento.

Cuidarse, parar o pedir ayuda no formaban parte del aprendizaje.
No porque no fueran posibles, sino porque no encajaban con la identidad construida.

Cuando una forma de estar en el mundo se aprende así, no se desaprende fácilmente.

No desaparece con la jubilación.
No se borra con un diagnóstico médico.
No se corrige con un “deberías salir más”.

Ahí empezó a construirse, en muchos casos, la forma actual de vivir la soledad.


La adultez: cuando el papel lo ocupa todo

La adultez de muchas personas que hoy son mayores no fue un espacio para preguntarse quiénes eran, sino para cumplir con lo que tocaba.

expectativas familiares

Había que trabajar.
Había que sostener una familia.
Había que responder a unas expectativas asumidas como propias.

Para muchos hombres, el trabajo se convirtió en el eje de la identidad.
Daba estructura, dirección y reconocimiento.

Para muchas mujeres, la adultez estuvo atravesada por el cuidado constante:
de hijos, de padres, de la casa y, más adelante, de la pareja.

El matrimonio fue mucho más que una relación afectiva.
Fue el centro organizador de la vida.

Desde ahí se tomaban decisiones, se organizaban los cuidados, se mantenían —o se perdían— las relaciones sociales.

Las amistades y los espacios propios quedaron muchas veces en segundo plano.
No por falta de deseo, sino por falta de tiempo, energía o permiso interno.

Durante años, este modelo funcionó.
Funcionó mientras hubo salud.
Mientras el trabajo siguió.
Mientras cada uno pudo sostener su papel.

El problema no fue ese modelo.
El problema fue que todo el sentido de la vida quedó concentrado en una sola estructura.

Y cuando esa estructura empezó a moverse, no siempre había red debajo.


Cuando algo se rompe

El problema rara vez aparece de golpe.
Aparece cuando algo que llevaba años sosteniendo la vida deja de hacerlo.

A veces es la jubilación.
Otras, una enfermedad grave.
En muchos casos, una demencia en la pareja.
O una viudedad.
O un divorcio tardío.

No es el acontecimiento en sí lo que desestabiliza tanto.
Es lo que deja al descubierto.

La pregunta que emerge entonces es sencilla y brutal:
¿qué queda cuando el papel que organizaba toda la vida ya no está?

En consulta veo hombres que, tras jubilarse o tras enfermar su pareja, se sienten completamente perdidos.
No por falta de capacidad, sino porque nunca aprendieron a vivir fuera de ese rol.

Veo mujeres exhaustas que, tras décadas cuidando, cuando ese rol desaparece, se quedan sin energía y sin identidad fuera del cuidado.

Y también veo lo contrario.
Personas que, con dificultad, se reorganizan y encuentran nuevos apoyos.

La diferencia no está en el sexo ni en la fortaleza de carácter.
Está en la trayectoria previa:
en cuántos roles hubo,
en cuántas redes se cultivaron,
en cuánto espacio propio se permitió a lo largo de la vida.

Aquí no se trata de juzgar vidas.
Se trata de comprenderlas.


La respuesta fácil: “deberías salir más”

Cuando aparece la soledad, la respuesta suele ser rápida y bienintencionada:

sal más,
apúntate a algo,
haz amigos.

El problema no es que sea falso.
Es que no explica nada.

Son frases abstractas, lanzadas desde biografías distintas.
Saber que algo es importante no enseña cómo hacerlo posible.

Para muchas personas, “salir más” no es una instrucción clara.
Implica saber a dónde ir, con quién, cómo empezar, cómo sentirse legítimo ocupando un espacio nuevo.

Y eso no se improvisa a los 70 si nunca se entrenó antes.

Además, este mensaje tiene un efecto secundario:
convierte la soledad en un fallo individual.

Y no lo es.


En consulta

Cuando alguien llega a consulta con soledad, no empiezo diciéndole que tiene que relacionarse más.
Empiezo por devolverle algo que suele haberse perdido antes: la sensación de capacidad.

Trabajo el cuerpo.
Trabajo la nutrición.
Trabajo la cognición.

Pequeños pasos.
Nada heroico.

Cuando una persona comprueba que aún puede hacer cosas que creía perdidas, algo cambia.
No solo en el músculo o la memoria.
En la imagen que tiene de sí misma.

Y desde ahí, más adelante, puede aparecer el vínculo.

La soledad no se aborda empujando.
Se aborda acompañando.


Una verdad incómoda

Pensar que esto solo le pasa a quienes hoy tienen 70 u 80 años es tranquilizador.
Pero no es verdad.

En consulta empiezo a ver el mismo patrón en personas de 40, 50 y 60 años.
No dicen “estoy solo”.
Dicen: “siento algo raro por dentro”.

El abordaje es el mismo:
sin prisas,
sin forzar,
recuperando primero la sensación de sostén interno.

La soledad no empieza con la jubilación.
Empieza cuando una vida se apoya solo en una o dos patas.

Y eso, nos interpela a todos.

Todo lo que se describe aquí no es una opinión personal, sino algo ampliamente documentado en distintos campos de la medicina y las ciencias de la salud. La relación entre vínculos sociales, salud cerebral, riesgo cardiovascular y envejecimiento funcional está bien establecida en la medicina preventiva, la geriatría, la psicología y la cardiología, y forma parte de las recomendaciones actuales de organismos internacionales y de la práctica clínica diaria.


Dra. Paola Ríos Germán, PhD
Médico. Medicina Preventiva y Geriatría

Bibliografía de soledad y redes sociales

Holt-Lunstad J, Smith TB, Layton JB. Social relationships and mortality risk: a meta-analytic review. PLoS Med. 2010;7(7):e1000316. doi:10.1371/journal.pmed.1000316
https://journals.plos.org/plosmedicine/article?id=10.1371/journal.pmed.1000316

Valtorta NK, Kanaan M, Gilbody S, Ronzi S, Hanratty B. Loneliness and social isolation as risk factors for coronary heart disease and stroke: systematic review and meta-analysis. Heart. 2016;102(13):1009–1016. doi:10.1136/heartjnl-2015-308790
https://heart.bmj.com/content/102/13/1009

Hawkley LC, Cacioppo JT. Loneliness matters: a theoretical and empirical review of consequences and mechanisms. Ann Behav Med. 2010;40(2):218–227. doi:10.1007/s12160-010-9210-8
https://link.springer.com/article/10.1007/s12160-010-9210-8

Livingston G, Huntley J, Sommerlad A, et al. Dementia prevention, intervention, and care: 2020 report of the Lancet Commission. Lancet. 2020;396(10248):413–446. doi:10.1016/S0140-6736(20)30367-6
https://www.thelancet.com/article/S0140-6736(20)30367-6/fulltext

World Health Organization. Social isolation and loneliness among older people: advocacy brief. Geneva: WHO; 2021.
https://www.who.int/publications/i/item/WHO-HEP-HPR-RUN-2021.2

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La historia por la que dejo el Sistema Público Español después de 20 años (con final feliz)

por Dra. Paola Ríos Germán

Capítulo 1. Inicios de 2020 — El hogar de los diagnósticos

En 2020, en mi casa no llegaban postales: llegaban diagnósticos.
Cada vez que sonaba el teléfono, alguien tenía una cita, un informe o un tratamiento nuevo.

Un día comprendí que, como soy muy parlanchina, podía desahogarme hablando.
Así nació Geriatría Contigo®, un refugio donde hablaba y alguien me escuchaba.
Un espacio terapéutico que, sin saberlo, se convertiría en el cimiento de varias exclusivas que hoy quiero compartirte.

(Recuerda esto para el final — Exclusividad 1)


Capítulo 2. 2019–2025 — Partirme en dos y tocar fondo

No lo llamo resiliencia.
Lo llamo partirme en dos y petar en el intento.

Durante años intenté mantenerme en el sistema público. Trabajaba varios meses, luego “descansaba” para poder atender todas las terapias familiares, y después volvía para seguir costeándolas.
Así, año tras año.

En los últimos dieciocho meses, el entorno se volvió hostil.
Toqué fondo.

Pero, como dice Buster Moon en Canta:

“Lo bueno de tocar fondo es que solo se puede ir hacia arriba.”

(Recuerda esto para el final — Exclusividad 2)


Capítulo 3. Diciembre de 2020 — La frase que lo cambió todo

Hace cinco años, cuando comenzaron a llegar los diagnósticos, María Soto me dijo una frase que me cambió la vida:

“Puedes quedarte en tu dolor o transformarlo en algo que ayude a los demás.”

No sabía cómo se hacía eso.
Empecé leyendo biografías de personas que habían vivido historias duras —“chunguetas”, como decimos coloquialmente— y que lograron transformar su dolor en algo bueno para los demás.
No te contaré cuáles, porque no son historias fáciles.
Pero existen.

(Recuerda esto para el final — Exclusividad 3)


Capítulo 4. Julio de 2020 — Las voces que me sostuvieron

Soy muy parlanchina, sí.
Y he tenido suerte: me rodearon personas buenas.

Amigos, colegas (Joaquín, Natalia), mujeres que me regalaron su tiempo, sus audios de WhatsApp (Clío, Mili), su compañía (Esther, Lucía, Oyana, Juan).
Muchos más —aunque son las cinco de la mañana y aún medio dormida no los enumere todos—, casualmente sanitarios.

No conocían todo el contexto, pero me veían distinta.
En julio de 2020, al romperme, les conté cosas inconfesables.
Y ellos me sostuvieron.
De aquel grupo nació algo que hoy te quiero contar.

(Recuerda esto para el final — Exclusividad 4)


Capítulo 5. Enero–Octubre de 2025 — “Sueña, sueña alto”

Con mis amigos y colegas soñé con el día de hoy, 25 de octubre de 2025.
Yo soñaba mucho.
Y ellos me decían:

“Puedes soñar más aún.”

Me ponían ejemplos.
Marita, Nora, mis profesores y compañeros de Cracks y HotMamas.
Hay más, seguro.

Como soy soñadora, pasé del “¿y si…?” a trabajar en un proyecto que hoy quiero compartirte.

(Recuerda esto para el final — Exclusividad 5)


Capítulo final — 25 de octubre de 2025

EXCLUSIVIDAD 1 — Gracias a ti

No solo creé Geriatría Contigo, sino que cada vez que me sentía mal, venía aquí a contarte mi vida en forma de cuentos e historias.
Así nació, por ejemplo, Un casito de geriatría con final feliz.
Tú te alegrabas; yo me sentía mejor.
Por eso el nombre: Geriatría CONTIGO.
Contigo he transformado los días negros en días llenos de luz.


EXCLUSIVIDAD 2 — Salgo del sistema público español después de veinte años

No porque no crea en él, sino porque mi cuerpo ya no puede sostenerlo.
¿Para siempre? No lo sé.
Pero por un tiempo, sí.


EXCLUSIVIDAD 3 — Lo que me enseñó María Soto era cierto

El dolor puede transformarse.
Y lo he hecho.

Convertí mi dolor en un Programa de Recuperación Funcional a Domicilio para personas mayores y jóvenes.
Y he comenzado un nuevo proyecto de investigación, cuyos primeros resultados verán la luz muy pronto.


EXCLUSIVIDAD 4 — Geriatría Contigo crece

Desde ya, aquellas voces que me sostuvieron serán también las voces que sostendrán a toda una comunidad.


EXCLUSIVIDAD 5 — Soñar, soñar y seguir soñando

El Programa de Recuperación Funcional a Domicilio pasa a otro nivel,
para ayudar a más familias que hoy están donde yo estaba en 2019 y 2020.

Y desde mañana te iré contando…
Porque son las seis de la mañana, y voy a parar por hoy.

Gracias. GRACIAS. GRACIAS.
Geriatría Contigo® está creciendo.
Y crecerá contigo.


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Puedes dejar tu comentario o compartir esta entrada si crees que puede dar esperanza
a alguien que esté pasando por un proceso difícil.
Si quieres acompañarme en esta nueva etapa,
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para conocer los próximos pasos de Geriatría Contigo®.

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Diagnóstico de memoria y demencia: 10 Fallos del Sistema

Mujer de 50 años en consulta médica malabareando con pelotas etiquetadas como DCM, TAC, fisio, neurólogo, geriatra, psicólogo, pruebas cognitivas y frases como ‘es normal’ o ‘no hay nada que hacer’, simbolizando la fragmentación del diagnóstico de memoria y demencia.

Imagina que tu padre empieza a repetir lo mismo varias veces al día.
O que tu madre duda en la panadería de siempre.
Acudes al médico buscando claridad.
Y sales con un papel lleno de tecnicismos, una receta más… y la misma sensación: estamos solos.

Esto no es anecdótico. Es el reflejo de cómo el sistema aborda hoy el diagnóstico del deterioro cognitivo y la demencia: consultas breves, especialidades fragmentadas, exceso de fármacos y ausencia de un plan claro.

A continuación te comparto los 10 fallos estructurales que más familias sufren y, sobre todo, cómo deberíamos enfrentarlos.


1. El diagnóstico por resignación (“Es normal por la edad”)

Decir “es normal” no es un diagnóstico. Es rendirse demasiado pronto.
Confunde a la familia, retrasa la ayuda y roba tiempo valioso.


2. La medicina de 10 minutos

Con 10 o 30 minutos no se puede escuchar una historia completa, revisar la medicación, explorar la memoria y valorar la marcha. Se terminan dando soluciones superficiales que no resuelven lo esencial.


3. El médico-puzle: consultas fragmentadas

Neurólogo, cardiólogo, psiquiatra, endocrino… cada uno escribe un informe.
Pero nadie junta las piezas. La familia se convierte en mensajera y el paciente acaba con tratamientos duplicados o contradictorios.
Falta un “director de orquesta” que unifique la visión.


4. Informes incomprensibles

Palabras como “leucoaraiosis” o “GDS 4” llenan los papeles.
Pero la familia no recibe respuesta a lo que importa:
¿Qué hacemos mañana? ¿Cómo organizamos la semana?


5. La cascada de fármacos

Ante cada síntoma, una pastilla más.
El insomnio se trata con un hipnótico, la agitación con un antipsicótico.
Muchas veces esos síntomas son efectos secundarios de los fármacos ya prescritos. Así nace la cascada que seda y apaga a la persona.


6. El abandono post-diagnóstico

Tras dar el diagnóstico, se agenda una cita a seis meses vista.
Pero la crisis ocurre en la primera semana: insomnio, dudas, miedo.
Ahí es cuando la familia más necesita acompañamiento.


7. La ceguera ante causas reversibles

Dolor, infecciones, anemia, problemas de tiroides, déficit de vitaminas.
Más de 200 causas pueden simular o agravar un deterioro cognitivo.
Demasiadas veces, se etiqueta como «es por la demencia» sin descartar lo tratable.


8. El olvido de lo no farmacológico

Ejercicio, estimulación cognitiva, buena nutrición, rutinas claras.
Son las intervenciones que más cambian el pronóstico.
Pero siguen tratándose como “extras”, cuando deberían ser el núcleo del tratamiento.


9. El cuidador invisible

El sistema mira al paciente, pero ignora al cuidador.
Ansiedad, culpa, agotamiento… si el cuidador cae, cae todo el cuidado.


10. La ausencia de un plan

Al final, la familia sale sin una hoja de ruta.
Saben el nombre del problema, pero no los pasos a seguir.
Un diagnóstico sin plan es como entregar un mapa sin destino.


Cómo debería ser distinto

El diagnóstico del deterioro cognitivo no puede ser un puzle roto.
Necesita un plan integral, con un responsable clínico que coordine, escuche y trace objetivos claros a 30, 60 y 90 días.

No se trata de sumar más pruebas ni más fármacos.
Se trata de dar claridad y dirección.


El sistema falla porque se conforma con nombrar la enfermedad.
Pero lo que cambia la vida de una familia no es un nombre, es un plan.

No deberíamos aceptar como normal la resignación.
Y, mucho menos, la soledad.

¿Te has sentido identificado en algunos de estos puntos?
Yo sí, en los 10.
Por eso en Geriatría Contigo trabajamos en un Programa Continuado, para mejorar la vejez de nuestro ser querido, con una hoja de ruta clara.
Trabajamos desde varios ángulos. Para una mejoría de la salud general.
Pero sobre todo, para dar tranquilidad a la familia.
¿Quieres saber más del Programa?
Te lo cuento en breve. No te olvides de escribirme tu experiencia en comentarios.

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Problemas de memoria: 7 días para comprobar si no es la edad (con ejemplos)

mi madre tiene problemas de memoria

Soy la Dra. Paola Ríos Germán. He acompañado a más de 10.000 familias y, en la mía, también vivimos esa duda que duele: “¿Esto es normal o no?” A veces nos dijeron que sí… y no lo era.
Escribo esto para darte dirección, no para asustarte. Si ves alguna señal, no te culpes. Obsérvala y anótala. Llegarás a consulta con claridad y eso acelera un buen plan.

Nota breve: tu médico de familia puede iniciar la valoración; el diagnóstico formal se hace en los servicios de memoria/geriatría/neurología. Y por su puesto en Geriatría Contigo. Tú trae el contexto. Yo pongo el plan.


6 señales que no son “normales por la edad” (y qué hacer hoy)

1) Repite la misma pregunta varias veces al día

Lo que ves: vuelve a preguntar lo mismo en poco tiempo.
Primer paso (5 min): no discutas; responde breve y anota 3 ejemplos con hora y situación.
Ejemplo real: “12:30, después de comer ? pregunta otra vez por la cita”.
Idea clave: Como geriatra me preocupa que  la información nueva no se quede, aunque recuerde muy bien el pasado.

2) Se pierde en rutas conocidas

Lo que ves: dudas para volver a casa o desorientación en el barrio.
Primer paso (10 min): apunta si en el último año se ha perdido. Haz 3 paseos cortos, por la misma ruta y acompañados, observando qué le ayuda.

Ejemplo real: el 12 de febrero y el 21 de julio de 2025 no supo como volver a casa después de su paseo diario.

3) Tareas “de siempre” empiezan a fallar

Lo que ves: recetas cada vez más simples, dejar el fuego encendido, lío con recibos; los hijos asumen el banco.
Primer paso (5 min): elige una tarea y colócale un post-it con 3 pasos (p. ej., “apagar fuego ? servir ? fregar”). Observa si sigue la secuencia y anota diferencias respecto a hace 1–5 años.
No lo justifiques:  aunque sea por su seguridad, terminar pensando “mejor llevamos los familiares el banco” son datos valiosos.

4) Cambios de carácter (irritabilidad, desconfianza, apatía)

Lo que ves: saltos de humor, aislamiento, pierde interés por lo que antes disfrutaba; duerme mal o está somnoliento.
Primer paso (3 min): lista cuándo aparece y con qué se relaciona (dolor, sueño, discusiones).
Importante: algunos fármacos pueden empeorar memoria y energía. No cambies nada tú: lleva la lista a consulta.

Ejemplo real: hasta hace 5 años le gustaba salir con las amigas y ahora ya no.

5) La forma de caminar cambia

Lo que ves: camina más lento, “a pasitos”, se agarra a muebles o a ti.
Primer paso (15 min hoy): recuerda cómo andaba hace 5 y 1 año; retira alfombras y cables; haz 10’ de paseo seguropor el pasillo cada día.
Por qué importa: caminar es un termómetro de salud. Si cae, la autonomía se pierde rápido.

No lo justifiques con un «es que son las rodillas» sólo anótalo y tráelo a consulta.

6) Caídas o “casi caídas” recientes

Lo que ves: tropiezos “tontos”, resbalones, golpes contra muebles.
Primer paso (5 min): anota hora, lugar y qué hacía. Señala si hubo cambios de medicación en las últimas semanas.
Acelera la cita si… hay golpe en la cabezapérdida de conciencialesiónno pudo levantarse o 2 caídas en 12 meses.

Ejemplo real: El día 13 de marzo y 15 de agosto de 2025 se resbaló.


Tu cuaderno de 7 días (la prueba casera más útil)

Cada noche, 2–3 líneas:

  • Fecha y señal (memoria, ruta, tarea, carácter, marcha o caída).
  • Dónde/cuándo pasó y qué lo disparó o mejoró.
  • Nota rápida para la consulta.

Cómo se ve una página:

  • “Lun 19: Repite pregunta — 12:30 tras comer — mejora si le muestro la cita escrita.”
  • “Mar 20: Duda al volver del pan — 10:15 — con mi brazo va mejor.”
  • “Mié 21: Recibo luz/agua confundidos — tarde — necesita pasos escritos.”

Regla de oro: no ajustes medicación por tu cuenta. Con tu cuaderno, es más fácil salir con plan.


Señales rojas para no esperar

  • Golpe en cabezapérdida de conciencia o lesión tras una caída.
  • Dos caídas en el último año (o una si no pudo levantarse).
  • Somnolencia intensaconfusión súbitaboca muy seca u orina muy oscura.
  • Empeora después de empezar o subir un fármaco.

De piezas sueltas… a música que suena

Ir a “todo” sin orden agota. Lo que necesitas es dirección: qué va primero, quién hace qué y cómo sabremos si mejora.
En Geriatría Contigo® mi trabajo es ser tu directora de orquesta para ganar lucidezseguridad al andarmejor sueñoy, sobre todo, calma en casa.

? ¿Quieres contarme tu caso para ver si podemos trabajar juntos?
Déjame tu comentario aquí: https://geriatriacontigo.com/contacto/
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— Dra. Paola Ríos Germán
Geriatría • Medicina Preventiva • Cuidados Paliativos
Doctora en Medicina (Cum Laude) • Investigadora RNFC/IdiPaz
Premio OMS • 4× nº1 Doctoralia

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Artrosis en Personas Mayores: Más Allá de la Medicación

Tratamiento de artrosis en personas mayores

La artrosis es una de las enfermedades más comunes en las personas mayores. El dolor articular limita la movilidad, afecta el ánimo y puede llegar a encerrar en casa a quienes la padecen.

Pero el mayor error que vemos a diario es éste: se ofrece solo medicación rápida, sin un plan integral.
¿El resultado? Más pastillas, más efectos secundarios y menos calidad de vida.

En este artículo te cuento la historia de una mujer que pasó de no poder salir de casa a caminar 50 minutos al día con sus amigas en solo 15 días, gracias a un enfoque diferente. También puedes ver la historia en nuesto vídeo de Youtube


La historia de María (nombre ficticio)

  • Hace unos años, María comenzó con dolores articulares que le impedían caminar.
  • La primera solución fue analgésicos diarios, sin más.
  • En 2024, el dolor empeoró y recibió infiltraciones y opiáceos.
  • En 2025, llegaron los mareos, los despistes y los efectos secundarios.
  • Lo que parecía una “cura” se estaba convirtiendo en una trampa.

El error del modelo reduccionista

  • La medicina rápida recurre a la pastilla como primera opción y eso no siempre resuelve la artrosis.
  • La medicación sí es necesaria en muchos casos, pero como parte de un plan integral.
  • Un analgésico de primer escalón (como paracetamol) puede ser muy útil para mantener al paciente en movimiento.
  • El problema es cuando se pasa demasiado rápido a opiáceos o infiltraciones, sin explorar antes el ejercicio, la fisioterapia o la nutrición.

El plan integral que cambió su vida

Su familia me contactó y aplicamos una Valoración Geriátrica Integral (VGI) dentro de nuestro Programa Senior 360º.

El plan incluyó:

  • Revisión de medicación: retirada controlada de fármacos innecesarios.
  • Ejercicio adaptado y fisioterapia para devolver fuerza y movilidad.
  • Nutrición con proteínas, calcio y vitamina D para recuperar energía y masa muscular.
  • Estimulación cognitiva para mejorar memoria y concentración.
  • Apoyo emocional y social, con la vuelta a sus rutinas y a sus amigas.

Resultados en solo 15 días

  • Volvió a caminar 50 minutos al día.
  • Bajaba y subía escaleras sin miedo.
  • Recuperó la claridad mental y la serenidad.
  • Y lo más importante: recuperó su dignidad y sus ganas de vivir.

Qué podemos aprender de este caso

  • La artrosis no se soluciona solo con medicación.
  • El dolor sin tratar de forma integral empeora la movilidad, la mente y el ánimo.
  • Con un plan físico, nutricional, cognitivo y social, la mejoría llega rápido y es real.

Conclusión
La artrosis no tiene por qué ser una condena a vivir con dolor y limitaciones. Con un plan integral y una mirada global, es posible recuperar movilidad, claridad y ganas de vivir. La medicina de las personas mayores debe centrarse en eso: en devolver calidad de vida y esperanza.

La artrosis no se resuelve solo con una receta. Se resuelve con una estrategia global que devuelva fuerza, movilidad y confianza. Ese es el enfoque que aplicamos en Geriatría Contigo, para que cada familia viva con menos miedo y más calidad de vida.

Enlaces de interés
Recomendaciones internacionales de no farmacológicos para artrosis

Directrices de EULAR (2024): enfatizan intervenciones no medicamentizadas (ejercicio, educación, control de peso) como estrategia primordial para artrosis de cadera y rodilla.
Healio Journals+5Asociación Americana de Terapia Física+5Arthritis Research & Care+5

Guía AAOS para artrosis de rodilla
Guía de la American Academy of Orthopaedic Surgeons (2021): recomienda ejercicio, apoyo físico y suplementos antes de considerar medicamentos invasivos o refuerzos estructurales.
Academia Ortopédica

Tratamientos no farmacológicos efectivos contra la artrosis
Estudio en PMC (Mushtaq et al., 2011): destaca fisioterapia, ejercicios y dispositivos de ayuda como pilares del manejo integral.