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Qué llevar al hospital: prepara tu mochila para Urgencias

Dra. Paola Ríos con una mochila preparada para ir al hospital

Si esta noche tuvieras que salir a Urgencias con tu madre, ¿sabrías qué llevar al hospital en cinco minutos sin olvidar nada verdaderamente importante?

Para ir al hospital conviene tener preparada una mochila pequeña con ropa cómoda, un neceser básico, cargadores, documentación clínica y una lista actualizada de medicamentos. En el exterior debe quedar una segunda lista con aquello que se utiliza todos los días y no puede permanecer guardado: las gafas, los audífonos, el teléfono, la documentación original, la prótesis dental o el bastón.

No estamos preparando una maleta para pasar quince días fuera. Queremos resolver las primeras horas y evitar que, en medio de una urgencia, la familia tenga que recorrer toda la casa buscando informes, pastillas y cargadores.

Puedes ver aquí el vídeo completo:

¿Por qué conviene preparar la mochila antes de necesitarla?

Una urgencia no suele llegar cuando todo está ordenado y tenemos tiempo para pensar. Puede aparecer de noche, durante un fin de semana o cuando la persona que conoce mejor la medicación no está en casa.

Preparar la mochila con antelación permite separar dos cosas:

  • Lo que puede permanecer guardado: ropa, neceser, cargador de repuesto, libreta y copias de documentos.
  • Lo que debe añadirse en el último momento: DNI, tarjeta sanitaria, gafas, audífonos, teléfono, medicación y ayudas para caminar.

Esta distinción es la parte más importante. No sirve de mucho guardar una lista perfecta dentro de un cajón si nadie sabe dónde está cuando llega la ambulancia.

¿Qué ropa y productos de aseo debemos llevar al hospital?

Ropa para las primeras horas

Dentro de la mochila dejaría:

  • Ropa cómoda y fácil de poner.
  • Ropa interior y calcetines.
  • Una chaqueta fina.
  • Calzado cerrado, ancho y antideslizante.
  • Una bolsa vacía para separar la ropa sucia.

El hospital puede proporcionar pijama o camisón, pero llevar una muda propia resulta útil si la estancia se prolonga o la persona se encuentra más cómoda con su ropa.

Un neceser pequeño, no el cuarto de baño entero

Prepara un neceser con productos duplicados o en envases pequeños:

  • Cepillo y pasta de dientes.
  • Peine o cepillo.
  • Gel y champú.
  • Desodorante.
  • Crema hidratante.
  • Productos para limpiar y guardar la prótesis dental, si se utiliza.
  • Las gotas o productos de uso habitual que sean difíciles de sustituir.

El Hospital Universitario La Princesa recomienda preparar una mochila pequeña con artículos de higiene, calzado cómodo, cargador, medicación habitual y dispositivos como la CPAP.

No guardes joyas, grandes cantidades de dinero ni objetos de valor.

¿Qué objetos prácticos pueden quedarse dentro de la mochila?

Hay varios objetos que ocupan poco y pueden ahorrarnos muchos problemas:

  • Un cargador de repuesto para el teléfono.
  • Una batería portátil, comprobando periódicamente que conserva carga.
  • Un bolígrafo.
  • Una libreta.
  • Un libro pequeño, una revista o un pasatiempo sencillo.
  • Una bolsa vacía para la ropa usada.

La libreta no es un adorno. Puede utilizarse para apuntar las pruebas pendientes, los cambios de tratamiento, lo que explica cada profesional y las preguntas que la familia quiere hacer antes del alta.

¿Qué debemos apuntar para coger justo antes de salir a urgencias?

Hay objetos imprescindibles que no pueden permanecer dentro de la mochila porque se utilizan todos los días.

Escríbelos en un folio grande, colócalo dentro de una funda transparente y déjalo sujeto al asa o en el bolsillo exterior.

En esa lista incluiría:

  • DNI y tarjeta sanitaria originales.
  • Teléfono móvil.
  • Gafas y funda.
  • Audífonos, pilas o cargador.
  • Prótesis dental y recipiente identificado.
  • Bastón, andador u otra ayuda habitual.
  • Medicación y tratamientos que se utilizan a diario.
  • Cargador, si no existe uno de repuesto dentro.

Los audífonos y la prótesis dental son pequeños, caros y fáciles de extraviar. Conviene guardarlos en recipientes identificados con el nombre y un teléfono de contacto. Cuando la persona no los esté utilizando, es preferible que un familiar se responsabilice de ellos.

Aunque parezca evidente, hay que escribirlo. En una urgencia también se olvida lo evidente.

¿Qué documentos e informes médicos debemos llevar a una urgencia o a una hospitalización?

Prepara una funda de plástico independiente con la documentación clínica. No hace falta llevar todos los informes desde el principio de los tiempos. Lo importante es que la información relevante pueda localizarse rápido.

Primera hoja: la información que debe encontrarse enseguida

La primera hoja debería incluir:

Informes importantes

Añade los informes médicos más recientes y aquellos que contienen información difícil de reconstruir: intervenciones, enfermedades relevantes, pruebas recientes o decisiones terapéuticas importantes.

En una persona mayor también recomiendo dejar escrito cómo estaba antes de enfermar: si caminaba sola, necesitaba ayuda, comía sin ayuda, utilizaba el baño, hablaba normalmente o tenía problemas de memoria. Esto ayuda a distinguir su situación habitual de los cambios que han aparecido durante la enfermedad actual.

Si todavía no tienes preparada la tabla de medicación, en este artículo explico cómo organizar los medicamentos y comprobar las dosis y los horarios.

¿Cómo debemos llevar los medicamentos al hospital?

Además de la tabla actualizada, conviene llevar la medicación habitual correctamente identificada.

Siempre que sea posible:

  • Lleva las cajas o los envases originales.
  • Si ocupan demasiado, lleva los blísteres conservando visible el nombre y la dosis.
  • No lleves pastillas sueltas.
  • No mezcles todos los medicamentos en un pastillero sin ninguna referencia.

El objetivo es que los profesionales puedan comprobar exactamente qué toma la persona y decidir qué debe mantenerse, suspenderse o sustituirse durante el ingreso.

Una advertencia importante

Llevar la medicación no significa administrarla por nuestra cuenta. Una vez en Urgencias o durante el ingreso, debemos entregarla o mostrarla al personal sanitario y seguir sus indicaciones.

Si damos una pastilla sin comunicarlo, el equipo podría administrarla después de nuevo. El Hospital Universitario de Getafe recomienda consultar al personal antes de tomar cualquier fármaco durante la atención en Urgencias.

¿Qué tratamientos o dispositivos especiales debemos recordar?

Algunos productos no siempre pueden sustituirse inmediatamente o requieren accesorios concretos. Según el caso, añade a la lista de última hora:

  • Insulina y material necesario para administrarla.
  • Inhaladores.
  • Colirios.
  • CPAP con mascarilla, tubo y cable.
  • Espesante, si la persona lo utiliza habitualmente.
  • Material para ostomías, sondas u otros cuidados específicos.
  • Cualquier dispositivo o tratamiento poco habitual que resulte difícil de reemplazar.

Identifica también estos objetos con el nombre y un teléfono. Si algún producto necesita condiciones especiales de conservación, mantenlo según las instrucciones correspondientes y comunícalo al personal sanitario al llegar.

¿Cómo podemos evitar pérdidas durante el ingreso?

En el hospital cambian las habitaciones, se mueve la ropa de cama y pueden intervenir distintos profesionales y familiares. Por eso recomiendo:

  • Identificar gafas, audífonos, prótesis y dispositivos.
  • Utilizar recipientes visibles, no envolverlos en servilletas o pañuelos.
  • Anotar quién se responsabiliza de los objetos pequeños.
  • No llevar joyas ni objetos de valor.
  • Revisar la mesilla, el armario y el baño antes de cambiar de habitación o recibir el alta.

¿Cada cuánto debemos revisar la mochila?

Como regla práctica, revisa la mochila cada tres o seis meses y siempre que cambie la medicación, aparezca una alergia nueva, se produzca un ingreso o se actualicen los informes médicos.

Comprueba:

  • Que la ropa sigue siendo adecuada.
  • Que los productos no han caducado.
  • Que la batería portátil conserva carga.
  • Que los teléfonos de contacto continúan vigentes.
  • Que la lista de medicamentos coincide con el tratamiento actual.

La mochila debe estar en un lugar conocido por toda la familia. No sirve que solo sepa encontrarla la persona que la preparó.

Lista rápida: qué llevar al hospital

Dentro de la mochila

? Ropa cómoda, ropa interior y calcetines.
? Chaqueta fina.
? Calzado cerrado y antideslizante.
? Neceser básico.
? Cargador de repuesto.
? Libreta y bolígrafo.
? Libro, revista o pasatiempo.
? Bolsa para la ropa sucia.
? Copias de informes y documentación clínica.

Para coger antes de salir

? DNI y tarjeta sanitaria.
? Teléfono móvil.
? Gafas y funda.
? Audífonos, pilas o cargador.
? Prótesis dental y recipiente.
? Bastón, andador u otra ayuda habitual.
? Medicación correctamente identificada.
? Insulina, inhaladores, colirios o CPAP, según el caso.
? Tabla actualizada de medicamentos.

Prepara la mochila cuando todo esté tranquilo, es decir, hoy

No podemos prever cuándo será necesario acudir a Urgencias, pero sí podemos evitar que la familia tenga que improvisarlo todo en el peor momento.

Prepara la mochila, deja la lista visible y explica a los demás dónde se encuentra. Cuando llegue el día de utilizarla, probablemente no tendrás tiempo ni cabeza para empezar a buscar informes, gafas, audífonos y medicamentos por toda la casa.

Dra. Paola Ríos Germán, PhD | Geriatría Contigo®


Médico. Especialista en Medicina Preventiva y Salud Publica. Especialista en Geriatria. Máster en Salud Publica. Máster en Cuidados Paliativos. Doctora Cum Laude por la Universidad Autónoma de Madrid.

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Síndrome del ocaso: sus hijas pensaban que la estaban perdiendo

agitación por la tarde

La historia real de una mujer de 97 años que volvió a dormir, hablar, moverse y participar en la vida de su familia.

Cuando conocí a Teresa tenía 97 años y sus hijas sentían que la estaban perdiendo.

No había sucedido una única catástrofe. Era algo más lento y, posiblemente, más doloroso: veían cómo su madre se iba apagando delante de ellas.

Teresa había sido propietaria de un bar hasta los 60 años. Siempre había dormido bien y siempre había sido una mujer alegre.

Pero desde una hospitalización en diciembre, las noches habían cambiado. Se despertaba angustiada, nerviosa y con la sensación de que se ahogaba. Durante el día permanecía adormilada.

Caminaba únicamente del sillón al baño, unas cinco veces al día. Hacía años que no salía a la calle caminando. Tenía un dolor importante en el hombro y el brazo derechos por una rotura del manguito de los rotadores y del tendón del bíceps. Comía poco. Dependía de otras personas para prácticamente todo.

Además, había recibido risperidona y quetiapina, pero su sueño, su angustia y su conducta no habían mejorado.

Cuando la exploré, encontré «agua en el pulmón» y edemas que llegaban hasta los muslos y también afectaban a los brazos. No había un único problema llamado demencia. Había insuficiencia cardiaca, dolor mal controlado, inmovilidad, somnolencia, hipotensión, desnutrición y un tratamiento que necesitaba ser revisado.

Sus hijas no necesitaban que alguien les dijera que su madre tenía 97 años.

Necesitaban saber qué estaba ocurriendo y qué parte todavía tenía margen de mejoría.

agitación por la tarde

La primera mejoría no fue espectacular

Empezamos a trabajar en marzo de 2026.

No hubo una pastilla milagrosa ni una única recomendación. Tratamos el dolor, ajustamos la medicación, revisamos el exceso de control de la tensión, abordamos la retención de líquidos, reforzamos la alimentación y comenzamos a moverla más.

También fuimos reduciendo la quetiapina bajo supervisión médica.

Dos semanas después, una de sus hijas empezó a notar algo.

En la ducha, Teresa estaba más segura. Su pisada parecía más estable. Dormía mejor, pasaba menos tiempo adormilada durante el día y había empezado a salir casi a diario, aunque fuera en silla de ruedas.

Incluso había ido a una procesión de Viernes Santo.

Y hacía sentadillas.

Puede parecer pequeño. Para una hija que lleva meses viendo apagarse a su madre, no lo es.

Es el primer momento en el que piensa: «Quizá todavía no la hemos perdido».

La recuperación no fue una línea recta

En mayo seguía teniendo mucho dolor en el brazo, el hombro y el codo. Un traumatólogo les había dicho que aquello «no tenía solución para su edad».

La analítica mostró una albúmina de 2,81 g/dl, compatible con una desnutrición proteica importante. La tensión arterial seguía excesivamente baja y la frecuencia cardiaca descendía algunos días hasta 54 latidos por minuto.

Había avances: comía mejor, se levantaba más temprano, descansaba más y salía de casa cuatro o cinco veces por semana. Pero sus hijas todavía no veían una transformación clara.

Y siguieron.

Esta parte también importa. Las familias reales no viven una sucesión perfecta de mejorías. Hay días buenos, días malos y semanas en las que parece que todo el esfuerzo no está cambiando nada.


Está más tranquila, pero disfruta menos


En junio apareció una nueva preocupación.

Teresa estaba más inquieta por las tardes. La familia decía que se ponía «más rebelde» y que se entristecía cuando le llevaban la contraria.

Había una frase especialmente importante:

«Está más tranquila, pero ahora disfruta menos».

Eso no era suficiente.

El objetivo nunca puede ser conseguir que una persona moleste menos a cambio de verla más apagada.

Durante la consulta comprobamos que Teresa entendía indicaciones sencillas. Tenía menos palabras que antes, pero todavía podía participar. Le di unas camisas y fue capaz de abotonarlas.

Ahí encontramos algo que aún estaba vivo.

Les pedí que no la dejaran simplemente sentada mientras los demás hacían la vida de la casa. Que caminara todo lo posible y que participara en actividades reales: doblar ropa, emparejar calcetines, abotonar camisas, ayudar con la comida.

No para entretenerla.

Para que volviera a sentirse parte de su familia.

La llamada desde la Sierra de Gredos


El 14 de julio volví a verla, pero esta vez por videoconferencia. Estaba pasando unos días con su familia en la Sierra de Gredos.

La mujer que apareció en la pantalla no era la misma que yo había conocido en marzo.

Estaba más contenta, más comunicativa y encontraba mejor las palabras. Intervenía espontáneamente y no dejaba de hablar.

En un momento de la conversación dijo:

«Yo siempre he sido una persona alegre».

Dormía muy bien. Comía con apetito. Participaba en la casa haciendo costura, jugando y ayudando a preparar alimentos, como cortar o secar patatas.

Y por las tardes ya no aparecían el estrés ni la agitación.

Sus hijas estaban tranquilas, pero no porque su madre estuviera dormida, sedada o ausente.

Estaban tranquilas porque volvían a reconocerla.

Su madre seguía allí.

Teresa continúa teniendo 97 años. Continúa viviendo con una demencia severa y necesita ayuda para las actividades de la vida diaria. No hemos borrado sus enfermedades ni la hemos convertido en una mujer de 70 años.

Pero duerme, come, habla, se mueve, participa y vuelve a disfrutar.

Eso también es mejorar.


¿Era realmente síndrome del ocaso?

El síndrome del ocaso describe la aparición o el empeoramiento de confusión, ansiedad, inquietud, irritabilidad, deambulación o agitación al final de la tarde y durante la noche.

Pero decir «síndrome del ocaso» únicamente nos dice cuándo ocurre. No nos explica por qué.

En algunas personas influyen las alteraciones del ritmo sueño-vigilia propias de la demencia. En otras intervienen el cansancio, la falta de luz, el dolor, el hambre, la sed, una infección, el estreñimiento, determinados medicamentos, un ambiente ruidoso o una necesidad que la persona ya no sabe expresar. [Mayo Clinic]

Y, a veces, la inquietud de la tarde también guarda relación con todo lo que no ha ocurrido durante el día: movimiento, luz natural, conversación, decisiones y actividades con sentido.

Por eso, no toda persona con demencia que se altera por la tarde necesita automáticamente más medicación.

Antes de tratar la conducta, hay que reconstruir la historia


Cuando una madre o un padre cambia de comportamiento, yo no empiezo preguntando únicamente qué medicamento podemos añadir.

Primero necesito saber:

  • ¿El cambio ha sido repentino o progresivo?
  • ¿Tiene dolor aunque no sepa explicarlo?
  • ¿Duerme por la noche o pasa el día adormilado?
  • ¿Ha comenzado algún medicamento o ha cambiado alguna dosis?
  • ¿Tiene la tensión demasiado baja?
  • ¿Está estreñido, deshidratado o puede existir una infección?
  • ¿Oye y ve suficientemente bien?
  • ¿Cuánto camina realmente?
  • ¿Come suficiente proteína y energía?
  • ¿Qué hace desde que se levanta hasta que comienza la inquietud?
  • ¿Sigue tomando alguna decisión o participando en la vida familiar?



Las recomendaciones clínicas indican que, antes de iniciar un tratamiento farmacológico o no farmacológico para el malestar en una persona con demencia, deben investigarse las posibles causas clínicas y ambientales. También recomiendan intervenciones psicosociales y actividades personalizadas que favorezcan el interés, el placer y la participación. [Guía NICE sobre demencia]

Los antipsicóticos no son el enemigo, pero tampoco pueden ser la respuesta automática

Hay situaciones en las que un antipsicótico puede estar indicado: cuando existe riesgo de que la persona se haga daño o dañe a otros, o cuando presenta agitación, alucinaciones o delirios que le causan un sufrimiento grave.

Pero utilizarlo únicamente para conseguir que una persona esté callada o resulte más fácil de manejar no debería ser el objetivo.

Cuando se prescribe, debe utilizarse la menor dosis eficaz, durante el menor tiempo posible, y revisar periódicamente si continúa siendo necesario. [Guía NICE sobre demencia]

La quetiapina puede producir somnolencia y sedación, y su ficha técnica incluye advertencias específicas para su utilización en personas mayores con psicosis relacionada con demencia. [Ficha técnica de quetiapina]

Esto no significa que una familia deba retirar un medicamento por su cuenta. Cualquier ajuste debe realizarse bajo supervisión médica y teniendo en cuenta la situación completa de la persona.

Qué pueden hacer los hijos cuando la inquietud aparece por la tarde


No compre actividades al azar ni convierta la casa en una consulta. Empiece observando.

Durante varios días, anote:

  • A qué hora comienza el cambio.
  • Qué ha hecho la persona durante esa mañana y esa tarde.
  • Cuánto ha dormido, comido, bebido y caminado.
  • Si parece tener dolor, dificultad respiratoria o estreñimiento.
  • Qué medicamentos ha tomado y a qué hora.
  • Qué estaba ocurriendo alrededor: ruido, visitas, oscuridad, cambio de cuidador o discusiones.
  • Qué actividades la tranquilizan sin apagarla.

Esa información puede ser mucho más útil que decir simplemente: «Por la tarde se pone imposible».

Si el cambio aparece bruscamente en horas o pocos días, o se acompaña de fiebre, dificultad respiratoria, somnolencia nueva, caída, dolor intenso, incapacidad para comer o beber o una alteración marcada respecto a su situación habitual, necesita una valoración médica sin demora.

Cuidar no siempre significa hacer más por ellos

Las hijas de Teresa no consiguieron este cambio doblando dos camisas un día.

Sostuvieron durante meses un plan que incluyó tratar el dolor, ajustar la medicación, controlar la insuficiencia cardiaca y la tensión arterial, mejorar la alimentación, aumentar el movimiento, sacarla de casa y devolverle actividades con sentido.

No hicieron más cosas por su madre.

Empezaron a hacer más cosas con ella.

Y esa diferencia importa.

Si reconoce esta historia en su madre o en su padre, no se conforme con que le digan que «es la edad» o que «es normal en la demencia». Tampoco modifique tratamientos por su cuenta.

Necesita saber qué está provocando el cambio, qué problemas pueden tratarse y qué capacidades todavía tienen vida que ganar.

En Geriatría Contigo® realizamos una valoración geriátrica integral para ordenar cuerpo, cerebro, medicación, nutrición, fuerza, sueño, entorno y vida cotidiana, y convertir la preocupación de la familia en un plan.

Comparta este artículo con esa familia que cree que lo necesita.

Y es que, claramente, tengo el trabajo más bonito del mundo.

Y eso me hace muy feliz.

**Aviso médico:** Este contenido es informativo y no sustituye una valoración clínica individual. No modifique ni suspenda tratamientos sin supervisión médica. 

Historia compartida con autorización. El nombre y algunos detalles identificativos han sido modificados para preservar su intimidad.

¿qué te ha parecido esta historia? Cuéntamelo en comentarios

Dra. Paola Ríos German

Médico. Especialista en Medicina Preventiva y Salud Publica. Especialista en Geriatría.

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¿La demencia se puede revertir?

Algunas causas de pérdida de memoria pueden mejorar. Y aunque exista una demencia neurodegenerativa, hay intervenciones que pueden ayudar a conservar capacidades, reducir riesgos y mantener la autonomía durante más tiempo.

Lo que sí puede mejorar aunque exista deterioro cognitivo

Cuando una madre o un padre empieza a perder memoria, a desorientarse, a caerse o a estar más apagado, muchas familias se hacen una pregunta muy concreta:

¿Esto tiene vuelta atrás?

A veces lo formulan de otra manera:

  • “¿Será Alzheimer?”
  • “¿Será demencia?”
  • “¿O no será nada?”

Y ahí aparece una de las trampas más frecuentes: pensar que solo existen dos posibilidades.

  • O no pasa nada.
  • O ya no hay nada que hacer.

Pero la realidad clínica es mucho más amplia.

Algunas causas de pérdida de memoria pueden mejorar: la medicación, la depresión, el aislamiento, el mal sueño, el dolor, las caídas, la pérdida de fuerza, la falta de actividad, los problemas de audición o visión, y algunas enfermedades médicas que afectan al funcionamiento cerebral.

Y aunque exista una demencia neurodegenerativa, como la enfermedad de Alzheimer, también hay mucho que se puede hacer.

  • No siempre podemos borrar el diagnóstico.
  • Pero sí podemos mejorar el funcionamiento.
  • Y en una persona mayor, mejorar el funcionamiento puede significar mucho: menos caídas, menos confusión, más autonomía, más seguridad y más tiempo viviendo con la mejor capacidad posible.

Primero: ¿a qué llamamos demencia?

La palabra “demencia” se usa muchas veces como si fuera una sentencia única.

Pero médicamente conviene distinguir.

La demencia es un síndrome: significa que existe un deterioro cognitivo suficiente como para interferir en la vida diaria de la persona.

Pero no todas las demencias tienen la misma causa.

Y no todo problema de memoria es una demencia.

Una persona puede parecer más deteriorada por muchas razones:

  • medicación sedante,
  • depresión,
  • duelo,
  • aislamiento,
  • mal sueño,
  • dolor,
  • infecciones,
  • alteraciones metabólicas,
  • problemas de audición,
  • problemas de visión,
  • pérdida de fuerza,
  • caídas,
  • falta de estructura diaria,
  • o una combinación de varias de estas cosas.

Por eso, antes de decir “es Alzheimer” o “es normal para su edad”, hay que valorar bien.

La pregunta no debería ser solo:

“¿Tiene demencia o no?”

La pregunta más útil es:

“¿Qué parte de lo que le pasa puede mejorar?”

Entonces, ¿la demencia se puede revertir?

Depende de qué estemos llamando demencia.

Si hablamos de una enfermedad neurodegenerativa establecida, como la enfermedad de Alzheimer, lo habitual es que no desaparezca ni vuelva completamente al estado previo.

Pero eso no significa que no haya nada que hacer.

Y esta idea es fundamental.

Una cosa es no poder curar una enfermedad neurodegenerativa.

Otra muy distinta es abandonar a la persona a su evolución sin intervenir sobre todo lo que sí se puede mejorar.

  • En muchos casos se puede mejorar el sueño.
  • Se puede revisar la medicación.
  • Se puede tratar el dolor.
  • Se puede mejorar la nutrición.
  • Se puede trabajar la fuerza.
  • Se puede prevenir caídas.
  • Se puede estimular la memoria y las capacidades conservadas.
  • Se puede mejorar la rutina.
  • Se puede reducir el aislamiento.
  • Se puede acompañar mejor a la familia.
  • Y todo eso puede cambiar la trayectoria real de una persona.

Quizá no cambiamos el diagnóstico.

Pero sí podemos cambiar cómo vive esa persona con el diagnóstico.

Causas de pérdida de memoria que pueden mejorar

1. Medicación

Algunos medicamentos pueden producir somnolencia, confusión, desorientación, enlentecimiento, caídas o empeoramiento cognitivo en personas mayores.

Entre ellos, las benzodiacepinas y algunos antipsicóticos merecen especial atención.

  • Esto no significa que no deban usarse nunca.
  • Hay situaciones clínicas en las que pueden estar indicados.
  • Pero sí significa que deben revisarse con cuidado, especialmente si la persona está más apagada, más torpe, más somnolienta, más confusa, con más caídas o con más fallos de memoria.
  • Tampoco significa que haya que retirarlos de golpe.
  • Eso también puede ser peligroso.

La pregunta correcta es:

  • ¿Por qué los toma?
  • ¿Desde cuándo?
  • ¿Siguen siendo necesarios?
  • ¿La dosis es adecuada?
  • ¿Se pueden reducir poco a poco?
  • ¿Existen alternativas reales?

En una persona mayor, la medicación no se debe mirar solo como una lista de fármacos.

Se debe mirar como parte de la historia clínica completa.

2. Depresión, duelo y apatía

La depresión en personas mayores no siempre se presenta como tristeza evidente.

A veces aparece como apatía, pérdida de iniciativa, lentitud, aislamiento, falta de energía o quejas de memoria.

Una persona deprimida puede parecer más deteriorada cognitivamente de lo que realmente está.

También puede salir menos, moverse menos, hablar menos, dormir peor, comer peor y perder fuerza.

Todo eso afecta al funcionamiento cognitivo y físico.

Por eso, cuando aparece un cambio de memoria, no basta con preguntar si recuerda o no recuerda.

También hay que preguntar:

  • ¿Cómo está de ánimo?
  • ¿Qué ha pasado en su vida en los últimos meses o años?
  • ¿Ha perdido a alguien?
  • ¿Ha dejado actividades importantes?
  • ¿Tiene con quién hablar durante el día?
  • ¿Tiene alguna rutina que la sostenga?

3. Aislamiento

El aislamiento no es un detalle menor.

Una persona que pasa muchas horas sola, que conversa poco, que no sale, que no tiene actividades cercanas y que no se siente vinculada a su entorno puede ir perdiendo estimulación, seguridad e iniciativa.

A veces la familia dice:

“Mi madre está peor de memoria.”

Pero al explorar la situación aparece algo más amplio:

  • no habla con casi nadie,
  • no tiene rutina,
  • no sale,
  • no participa,
  • no se mueve,
  • y cada vez depende más de que otros organicen su vida.
  • El cerebro necesita estímulo.

Pero la persona también necesita vínculo, propósito y estructura.

4. Mal sueño

Dormir mal afecta a la atención, la memoria, el estado de ánimo, la marcha, el equilibrio y la capacidad de tomar decisiones.

  • Una persona mayor que duerme mal puede estar más confusa, más irritable, más cansada, más lenta y más torpe durante el día.
  • Además, el mal sueño puede favorecer el uso de medicación sedante.
  • Y esa medicación, a su vez, puede aumentar la somnolencia, la confusión y el riesgo de caídas.
  • De nuevo, el problema rara vez es una sola cosa.
  • Suele ser una cadena.

5. Dolor

El dolor persistente consume atención.

También reduce movilidad, empeora el sueño, favorece el aislamiento y puede alterar el ánimo.

Una persona con dolor puede parecer más apagada, más lenta o menos participativa.

Si además se mueve menos por miedo, pierde fuerza.

Y si pierde fuerza, aumenta el riesgo de caídas.

Por eso, cuando una persona mayor parece empeorar cognitivamente, también conviene preguntarse:

  • ¿Tiene dolor?
  • ¿Lo expresa bien?
  • ¿Se mueve menos?
  • ¿Ha dejado de caminar?
  • ¿Ha cambiado su postura, su marcha o su forma de levantarse?

6. Pérdida de fuerza y caídas

Las caídas no son solo un accidente.

En geriatría, una caída puede ser una señal de alarma.

Puede indicar pérdida de fuerza, problemas de equilibrio, efectos de medicación, alteraciones visuales, dolor, bajadas de tensión, miedo a caminar, deterioro cognitivo o una combinación de varios factores.

Después de una caída, muchas personas mayores empiezan a moverse menos.

Al moverse menos, pierden fuerza.

Al perder fuerza, aumenta el riesgo de nuevas caídas.

Y así puede empezar un círculo de fragilidad, miedo, dependencia y pérdida de autonomía.

Por eso, si una persona empieza a caerse y además está más despistada, más somnolienta o más desorientada, conviene valorar el conjunto.

El caso de María: parecía demencia, pero había factores modificables

María había tenido una depresión muy importante tras la muerte de su hijo.

Durante un tiempo necesitó tratamiento. Eso podía tener sentido en aquel momento.

Pero cuando la conocí habían pasado años.

El duelo, en gran parte, ya se había elaborado.

La depresión ya no era el problema principal.

Sin embargo, María seguía tomando una medicación que quizá ya no encajaba con su situación actual: dos antidepresivos, dos benzodiacepinas y un antipsicótico.

  • Y empezaron los cambios.
  • Perdía memoria.
  • Se desorientaba.
  • Estaba más apagada.
  • Tenía menos iniciativa.
  • Y empezó a caerse.
  • La familia se hizo la pregunta habitual:
  • “¿Será Alzheimer?”
  • Pero en una persona mayor la pregunta no puede ser solo esa.

También había que mirar otras cosas.

  • María no tenía con quién hablar en el día a día.
  • No tenía actividades cercanas.
  • No tenía una estructura que la sostuviera.
  • Había medicación que podía estar empeorando su somnolencia, su orientación, su equilibrio y su funcionamiento cognitivo.
  • Se hizo una valoración integral.

No tenía criterios de deterioro cognitivo mayor; es decir, no tenía criterios de demencia.

Pero sí tenía problemas de memoria incipientes, caídas y varios factores que podían estar empujándola hacia abajo.

El plan no fue simplemente “quitar una pastilla”.

Eso habría sido una simplificación peligrosa.

El plan fue mirar la historia completa.

  • Se ajustó la medicación con criterio.
  • Se incorporó terapia psicológica.
  • Se reorganizó el apoyo familiar.
  • Cambió de casa para vivir más cerca de sus hijos.
  • Empezó a tener más actividad, más estructura y más acompañamiento.

Con esos cambios, sus problemas iniciales de memoria mejoraron claramente.

Este caso no significa que todas las pérdidas de memoria sean reversibles.

Tampoco significa que toda persona con deterioro cognitivo mejore igual.

Significa algo más importante:

Antes de asumir que todo es Alzheimer o que todo es irreversible, conviene valorar qué factores están empeorando a esa persona concreta.

Si ya existe una demencia, todavía hay mucho que hacer

Esta es una de las ideas más importantes.

Incluso cuando ya existe una demencia, no es verdad que “no haya nada que hacer”.

Hay mucho margen de intervención.

  • Se puede trabajar para que la persona duerma mejor.
  • Coma mejor.
  • Se mueva mejor.
  • Tenga menos dolor.
  • Tenga menos caídas.
  • Tenga una medicación más ajustada.
  • Mantenga rutinas.
  • Conserve actividad social.
  • Estimule sus capacidades conservadas.
  • Tenga un entorno más seguro.
  • Y tenga una familia que sepa qué esperar, qué vigilar y cómo actuar.
  • Todo eso no es secundario.

Es tratamiento del funcionamiento.

Y en personas mayores, el funcionamiento es central.

Porque la pregunta no es solo qué diagnóstico tiene.

La pregunta es:

  • ¿Puede caminar con seguridad?
  • ¿Puede comer mejor?
  • ¿Puede dormir mejor?
  • ¿Puede participar más?
  • ¿Puede tener menos caídas?
  • ¿Puede estar menos confundida?
  • ¿Puede conservar autonomía durante más tiempo?
  • ¿Puede la familia tomar decisiones antes de llegar a una crisis?

No se trata solo de memoria: se trata de autonomía

Muchas familias llegan a consulta pensando que el problema es “la memoria”.

Pero cuando se valora bien, aparecen otras preguntas:

  • ¿Está tomando bien la medicación?
  • ¿Se equivoca con citas?
  • ¿Maneja bien el dinero?
  • ¿Cocina con seguridad?
  • ¿Sale sola?
  • ¿Se orienta en su entorno?
  • ¿Ha dejado de hacer actividades?
  • ¿Camina peor?
  • ¿Se ha caído?
  • ¿Está más apagada?
  • ¿Necesita más supervisión que antes?

Estas preguntas son importantes porque la demencia no se mide solo por lo que una persona recuerda.

También se mide por cómo sostiene su vida diaria.

  • Una persona puede hablar bien y, aun así, estar empezando a perder autonomía.
  • Puede contar historias antiguas y, sin embargo, fallar con la medicación de esta semana.
  • Puede comportarse correctamente en una comida familiar y no ser capaz de organizar sus citas, sus compras o sus documentos.
  • Por eso no basta con preguntar:

“¿Se acuerda o no se acuerda?”

Hay que preguntar:

“¿Puede sostener su vida igual que antes?”

Qué riesgo hay en no valorar a tiempo

El riesgo de no hacer nada no es solo que la persona “siga igual”.

A veces el problema es que los factores modificables siguen actuando.

  • Más somnolencia.
  • Más confusión.
  • Más caídas.
  • Más miedo.
  • Más aislamiento.
  • Más pérdida de fuerza.
  • Más dependencia.
  • Más riesgo de fractura.
  • Y si ya existe deterioro cognitivo, esos factores pueden hacer que la pérdida de autonomía sea más rápida.

No se trata de asustar.

Se trata de llegar antes.

Porque muchas familias consultan cuando ya ha ocurrido una caída, un ingreso, una fractura, una crisis familiar o una pérdida clara de autonomía.

Y en geriatría, llegar antes cambia mucho el margen de actuación.

Cuándo conviene valorar

Conviene pedir una valoración si su madre o su padre:

  • se repite más que antes,
  • olvida citas o medicación,
  • se desorienta,
  • está más apagado,
  • ha perdido iniciativa,
  • duerme peor,
  • se cae,
  • camina peor,
  • ha dejado de salir,
  • se mueve menos,
  • come peor,
  • está más somnoliento,
  • se equivoca con compras, dinero o documentos,
  • o necesita más supervisión que hace unos meses.
  • Esto no significa necesariamente que tenga demencia.

Pero sí significa que no conviene explicarlo todo como “normal para la edad”.

Una valoración médica geriátrica no tiene como objetivo poner una etiqueta rápida.

Tiene como objetivo ordenar el caso.

Ver qué parte puede mejorar.

Qué parte hay que estudiar mejor.

Qué riesgos existen.

Qué decisiones conviene tomar ahora.

Y qué necesita realmente la familia.

Conclusión

¿La demencia se puede revertir?

A veces, lo que parece demencia no lo es. Hay causas de pérdida de memoria, confusión o deterioro funcional que pueden mejorar mucho si se identifican y se tratan.

Otras veces sí existe una enfermedad neurodegenerativa.

Pero incluso entonces es falso que no haya nada que hacer.

Dormir mejor, comer mejor, moverse mejor, revisar la medicación, tratar el dolor, prevenir caídas, estimular capacidades conservadas, mejorar la rutina, reducir el aislamiento y acompañar a la familia puede cambiar mucho la evolución real de una persona.

Quizá no siempre cambiamos el diagnóstico.

Pero sí podemos cambiar el funcionamiento.

Y en una persona mayor, eso puede significar más autonomía, más seguridad y más vida.

La clave no es adivinar.

La clave es valorar.

Porque una familia no necesita solo saber si es Alzheimer.

Necesita saber qué está fallando, qué puede mejorar y qué decisiones tomar antes de que llegue una crisis.

Por cierto:

Este domingo 28 de junio a las 9 om, hora de Madrid España, hablaremos de todo esto. Te puedes registrar gratis aquí

https://geriatriacontigo.com/acompanar-padres-consulta-abierta-online/

Bibliografía breve

American Geriatrics Society. 2023 updated AGS Beers Criteria for potentially inappropriate medication use in older adults. Journal of the American Geriatrics Society. 2023.

Livingston G, et al. Dementia prevention, intervention, and care: 2024 report of the Lancet standing Commission. The Lancet. 2024.

Ngandu T, et al. A 2 year multidomain intervention of diet, exercise, cognitive training, and vascular risk monitoring versus control to prevent cognitive decline in at-risk elderly people: a randomised controlled trial. The Lancet. 2015.

National Institute for Health and Care Excellence. Dementia: assessment, management and support for people living with dementia and their carers. NICE guideline NG97. 2018.

World Health Organization. Risk reduction of cognitive decline and dementia: WHO guidelines. 2019.

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Ejemplo de prescripción inadecuada secundaria a un antidepresivo (con vídeo)

Hace unos años comencé a ver en la consulta a Carlos y a su madre. Le he cambiado el nombre. Pero digamos que se llama Carlos. Hace años también les pedí permiso para contar esta historia que me parece muy bonita… pero no escribía mucho en ese entonces. La historia se llama «Ejemplo de prescripción inadecuada secundaria a un antidepresivo». Te dejo un vídeo explicativo y un resumen de las primeras consultas.

La madre de Carlos es una artista completa, es una mujer fascinante.

  • Cantaba,
  • componía,
  • actuaba,
  • pintaba
  • y exponía en galerías.
  • Es una persona muy conocida. Cuando voy a su casa es imposible que no me quede maravillada por su obra. Cada rincón tiene un pedazo de ella. Nunca dejaré de admirar su obra.

La veo cada mes, y además, a veces veo a sus hijos por separado. Nos llevamos bien, son muchos años ya.

Cuando les conocí, una de sus hijas me dijo que ponía todas sus esperanzas en mí. No entendía muy bien, pero al conocer a Carlos, lo entendí todo perfectamente. Ellos, llevaban 5 años buscando una cura para su madre. Habían ido a muchos médicos y otros terapeutas. Habían probado medicamentos y otras sustancias. Estaban cansados, muy cansados.

Me contaron la vida de ella, era fascinante. Los problemas en la niñez que había tenido (la guerra), cómo había sacado a su familia adelante. Cómo había afrontado ver enfermar y ver partir a sus hijos. No lo había superado, pero nunca se le había notado mucho… hasta que comenzó la Enfermedad de Alzheimer. Ella tenia una enfermedad muy avanzada y no podía hablar para decir lo que pensaba, de hecho, era totalmente dependiente, pero caminaba mucho.

Con la enfermedad, al inicio la vieron más nerviosa y acudieron a varios médicos. El hijo que vivía con ella estaba desesperado porque su madre tenía una intranquilidad tremenda. Acudieron a varios tipos de especialistas. Lo que le recomendaban casi siempre eran antipsicóticos que la dejaban o dormida o casi dormida por el día. Caminaba mucho en la calle, y en la casa, buscaba y buscaba al hijo. A veces cada 60 segundos. Le miraba con un cara de «pero estás seguro que estás bien». Luego, no recordaba lo que había hecho y volvía a buscarle. El hijo no podía concentrarse para trabajar, ni para hacer casi nada. Por la noche, era más de lo mismo. Aun así, Carlos no aceptaba ninguna medicación que adormeciera a su madre por el día.

Me pareció un reto tremendo y sinceramente le di más vueltas de lo habitual.

No quería fallarles… habían pasado por mucho.

A pesar que pensé en muchos problemas, lo primero que pensé fue lo más lógico y el único problema que ella tenía:

  • Varios efectos secundarios de un antidepresivo que no solemos aconsejar en personas mayores. porque no se metalizan bien por el hígado.

Con este antidepresivo lo que la madre de Carlos tenia era

  • intranquilidad,
  • insomnio
  • parkinsonismo.
  • como resultado de ello, se le había agregado varios otros medicamentos para paliar los efectos secundarios del antidepresivo.

Fui retirando poco a poco la medicación que no necesitaba. Creo que tardé unas 4 o 5 visitas en 4 meses. Finalmente, ella solo se quedó con 3 fármacos, que no pudimos retirar.

Y con ello, llegó la tranquilidad. Como me dijo Carlos, «no me importa que venga a verme cada hora a ver si estoy bien. Pero cada 60 segundos era demasiado».

Actualmente la veo cada mes, a veces veo algo en la analítica, a veces hablamos de una buena nutrición, a veces veo temas de la casa (para evitar caídas). A veces tiene dolor porque ha tenido un tropezón o por la artrosis… pero son valoraciones rutinarias. Ella sigue caminando en la calle, «sigue participando» en los deberes de la casa, le hablan como si ella lo entendiera todo… eso le da tranquilidad. Y a mí… la verdad es que me alegra mucho verla cada mes, me alegra muchísimo.

Si te ha gustado la historia «Ejemplo de prescripción inadecuada secundaria a un antidepresivo», comenta o comparte. Te deseo un buen día

Peggy Rios German

Geriatra

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4 cosas que no sabías del omeprazol

Te voy a contar 4 cosas que no sabias del omeprazol. Como geriatra, uno de mis principales objetivos es que tú o tu ser querido os sintáis bien. Os sintáis fuertes. Esto muchas veces se logra retirando medicación que no aporta y agregando medicación que si necesitamos. Después de ver durante muchos años los beneficios de la des-prescripción, es decir, estudiar si realmente es necesario un medicamento en cada persona… Mi lema actual es:

«Si no aporta, aparta »

Peggy Rios German

En concreto, el omeprazol es un inhibidor de la bomba de protones, y tiene efectos similares al pantoprazol, lanzoprazol, esomeprazol, etc. Así que estas recomendaciones son para todos ellos.

1. El omeprazol no es un protector gástrico

Aunque muchos lo usan como protector gástrico, este no es su fin. El hecho de tomar muchas pastillas no es una condición médica para usar o prescribir omeprazol. Como veremos en el punto 3, no es inocua, tienen varios efectos secundarios.

Ademas, si lo usas cuando tienes ardor estomacal (pirosis), lo siento. Este medicamento hace un 70% de su efecto al quinto día de su uso. Con lo cual, sobre todo, estarías teniendo un efecto placebo. (Manual de Goodman y Gilman).

2. Tenemos un protector gástrico llamado mucus

Necesitamos que el pH de nuestro estomago sea ácido, para que cumpla las funciones que necesitamos. Pero, el cuerpo es sabio, tiene un mucus natural. Este mucus se ve afectado en algunas enfermedades. También se ve afectado en caso de toma de AINES como diclofenaco, ibuprofeno o alcohol.

3. Los efectos secundarios del omeprazol

La polifarmacia, o el exceso de medicación hace daño si no se revisa periódicamente. Lo llamamos prescripción inadecuada. Aquí te explico que significa esto. Todos los fármacos tienen en mayor o menor medida efectos que no nos gustan. Los agregamos solo si el beneficio es mayor que el riesgo de tener una medicación. Si no lo necesitas, es mejor que no lo uses por tu cuenta, o que le preguntes a tu médico habitual porqué motivo tomas esta medicación. Los efectos secundarios son

  • Se ha relaciona a una problema de absorción de hierro
  • Se ha relacionado a un problema de absorción de B12
  • Se ha relacionado a fracturas
  • Se ha relacionado a un tipo de neumonías, tos
  • Dolor abdominal, estreñimiento, diarrea, sequedad de boca
  • aumento de transaminasas
  • Cefalea,
  • Astenia

4. Cuando sí deberíamos usar omeprazol

Cuando te lo aconseje tu médico, por ejemplo

  • Ulcera duodenal o gastrica
  • Esofagitis
  • Infección por Helicobacter pylori
  • Reflujo gastroesofagico
  • Sindrome de Zollinger Ellison
  • etc.

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un abrazo y buen lunes

Peggy Rios German

Medico Geriatra

Especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública