Una persona puede empezar a estar más despistada, más cansada o más inestable y que, durante meses, todo termine atribuyéndose a la edad. Algunas veces, cuando finalmente revisamos qué está ocurriendo, encontramos algo mucho más concreto —y quizá tratable— que llevaba tiempo dejando pistas en casa.

El problema no siempre es que la familia no esté pendiente. Muchas veces, nadie había pensado en medir.
Por eso recomiendo siete aparatos y herramientas para controlar la salud en casa. Pueden ser útiles a cualquier edad, pero cobran especial importancia cuando hay una persona mayor, enfermedades crónicas o varios tratamientos. No sirven para hacer un diagnóstico ni para perseguir cifras perfectas. Sirven para conocer lo habitual, descubrir cambios y llegar a la consulta con información que permita hacer mejores preguntas.
Y he dejado para el final la que, en mi experiencia, convierte todos esos números sueltos en información verdaderamente útil.
7. Una báscula: ¿por qué importa conocer el peso habitual?
Una pérdida involuntaria de peso puede indicar que la persona está comiendo menos, perdiendo masa muscular, tolerando mal algún tratamiento o desarrollando una enfermedad, incluido un proceso maligno. Perder peso sin haber cambiado la alimentación ni la actividad merece una valoración médica.
Lo veo con frecuencia: una persona deja de participar, está más cansada o ya no quiere acudir a sus actividades y todo se interpreta como tristeza, apatía o falta de voluntad. Sin embargo, cuando preguntamos cuánto pesaba hace seis meses, nadie lo sabe. Algunas veces el problema no era convencerla para que hiciera más cosas, sino averiguar por qué estaba perdiendo peso.
Si quieres profundizar en las posibles causas y en qué debemos revisar, puedes leer también mi entrada sobre la pérdida de peso en la persona mayor.
También importa el movimiento contrario. Un aumento rápido de peso, especialmente si se acompaña de hinchazón en las piernas o dificultad para respirar, puede aparecer en determinados problemas cardiacos. El aumento de peso también puede estar relacionado con alteraciones de la tiroides, entre otras causas.
No hace falta pesarse todos los días. Hace falta conocer el peso habitual para reconocer cuándo algo ha cambiado y poder dar esa información cuando un profesional nos la pregunte.
6. Un glucómetro: ¿una glucosa de 99 está bien si eres joven? ¿Y si eres mayor?
El glucómetro no es necesario en todas las casas. Resulta especialmente útil cuando existe diabetes y se utilizan medicamentos capaces de producir hipoglucemias.
En las personas mayores, los objetivos de glucosa no siempre deben ser los mismos que en una persona joven. Una cifra que sobre el papel parece perfecta puede ser demasiado ajustada o baja para alguien con fragilidad, deterioro cognitivo, comidas irregulares o un tratamiento cuyo efecto continúa durante la noche.
Además, existe otro problema que estoy viendo con demasiada frecuencia. Algunos medicamentos que inicialmente se desarrollaron para tratar la diabetes o la insuficiencia cardiaca se están prescribiendo a personas mayores que no tienen diabetes ni insuficiencia cardiaca, simplemente como un tratamiento preventivo para proteger el riñón.
Soy especialista en Medicina Preventiva y esto me preocupa. Prevenir no consiste en añadir un medicamento «por si acaso», sino en comprobar que el beneficio esperado para esa persona supera claramente sus posibles riesgos.
Los problemas que observo en algunas personas mayores que toman estos medicamentos son debilidad, falta de apetito, pérdida de peso, deshidratación o una tensión demasiado baja. En una persona joven quizá sean efectos asumibles o fáciles de compensar; en una persona mayor pueden acarrear un deterioro físico importante.
Si después de comenzar uno de estos tratamientos la persona come menos, pierde peso, está más débil o presenta cifras de tensión más bajas, el tratamiento debe revisarse. Proteger preventivamente un órgano no debería significar perjudicar al conjunto de la persona.
Las recomendaciones actuales insisten en individualizar los objetivos y reducir el riesgo de hipoglucemia en personas mayores con problemas cognitivos o funcionales. Puedes consultarlo en los Estándares de atención de la American Diabetes Association para personas mayores.
También puedes ampliar esta información en mi entrada Diabetes en la persona mayor: ¿estamos tomando las decisiones correctas?.
5. Un tensiómetro: ¿una tensión baja siempre es una buena noticia?
Durante años hemos repetido que la tensión alta es peligrosa. Es cierto: cuando se mantiene elevada aumenta el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares. Pero de ahí no se deduce que cuanto más baja esté, mejor.
En consulta veo a personas mayores que reciben varios antihipertensivos y mantienen tensiones muy justas. Una cifra considerada «buena» puede parecer magnífica si se mira de forma aislada, pero merece otra lectura cuando la persona está más despistada, comienza a tropezarse, se marea al levantarse o ha sufrido alguna caída. Así que te recomiendo que, por lo menos, lo anotes y lo comentes con un profesional con experiencia.
De todas las mediciones que realizan las familias en casa, una de las que más utilizo es la de primera hora de la mañana, antes del desayuno y antes de tomar los antihipertensivos.
Los objetivos deben adaptarse a la edad, la fragilidad, las enfermedades y la tolerancia al tratamiento. La propia Sociedad Europea de Cardiología señala que el tratamiento de las personas muy mayores o frágiles requiere una valoración específica. Puedes leerlo en su revisión sobre hipertensión en personas mayores.
También puedes ampliar esta información en mi entrada Tensión arterial en el adulto mayor.
Por eso conviene anotar la cifra exacta, la hora, si la medición se realizó antes o después de tomar la medicación y si apareció algún síntoma. Solo así podremos comparar los datos y comprender su evolución.
4. Un pulsioxímetro: ¿saturar bien significa que el corazón y los pulmones están bien?
El pulsioxímetro o saturímetro estima la saturación de oxígeno y también muestra el pulso. Puede ser útil cuando existe una enfermedad respiratoria o cardiaca, dificultad para respirar o algún cambio respecto a la situación habitual.
Pero tiene tres límites importantes.
- El primero es que una saturación normal no demuestra que el corazón y los pulmones estén sanos.
- Además, la cifra adecuada no es igual para todas las personas. En determinadas enfermedades respiratorias, el médico puede establecer otro objetivo. Esto no significa que sea mejor tener menos oxígeno, sino que no debemos perseguir una cifra genérica ni modificar el oxígeno sin conocer la situación clínica.
- El tercer límite es que el aparato puede equivocarse. La circulación y la temperatura de las manos, el esmalte de uñas o la pigmentación pueden afectar a la lectura. La FDA recuerda estas limitaciones, por lo que debemos mirar el número y también cómo se encuentra la persona.
No olvides observar el pulso. Una frecuencia cardiaca muy rápida o diferente de la habitual merece atención, especialmente si se acompaña de dificultad para respirar, dolor torácico, desmayo, debilidad o confusión.
Una frecuencia inferior a 60 se denomina bradicardia, pero no siempre indica una enfermedad: puede ser normal durante el sueño o en algunas personas muy entrenadas. Sin embargo, muchas veces necesita una valoración médica rápida. La American Heart Association explica las posibles causas de la bradicardia.
También debemos revisar la medicación. Algunas personas mantienen durante años varios tratamientos capaces de reducir el pulso, aunque su estado de salud haya cambiado. Si la persona está estable, conviene revisarlos al menos una vez al año —aunque los haya indicado un cardiólogo tiempo atrás— y antes si aparecen caídas, mareos, debilidad o un ingreso hospitalario.
¡No retires la medicación por tu cuenta! Hay medicación necesaria para mejorar la contractilidad del corazón. Prepara una lista completa y revísala con un profesional experto. Puedes utilizar mi guía sobre cómo organizar la medicación y preparar una tabla de medicamentos.
3. Un termómetro: ¿puede existir una infección sin fiebre?
Sí. Y este matiz es especialmente importante en las personas mayores.
El termómetro ayuda a detectar fiebre, pero no puede utilizarse para descartar una infección. La temperatura habitual puede ser algo más baja y la respuesta del organismo puede estar atenuada. El National Institute on Aging recuerda que, en una persona mayor, incluso una elevación respecto a su temperatura basal puede ser significativa.
Algunas veces el primer cambio no es una fiebre elevada. La persona está más dormida, come menos, camina peor, se muestra confusa o necesita una ayuda que hasta ese momento no necesitaba.
2. Un podómetro, un reloj o un móvil: ¿cuántos pasos hay que dar al día?
Esta es una de las preguntas que más recibo y una de las que peor admite una respuesta universal.
No puede tener el mismo objetivo una persona que camina mil pasos al día que otra que ya camina tres mil, cinco mil o diez mil. Antes de aumentar la actividad necesitamos conocer su punto de partida, cómo camina, cuánto se fatiga, si siente dolor, si ha sufrido caídas y qué enfermedades presenta.
El número de pasos no sustituye al trabajo de fuerza, equilibrio o movilidad. Sin embargo, ofrece algo muy valioso: una referencia de lo que esa persona hace realmente durante un día normal.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que las personas inactivas comiencen con pequeñas cantidades y progresen gradualmente. Puedes consultar sus recomendaciones sobre actividad física y envejecimiento saludable.
El objetivo no es obedecer a un reloj. Es saber si la persona mantiene, pierde o recupera actividad.
No te preocupes, de todo esto hablaré más adelante.
1. Una libreta de salud: el dato que da sentido a todos los demás
Puedes tener una báscula, un glucómetro, un tensiómetro, un pulsioxímetro, un termómetro y un móvil que cuente los pasos. Si cada cifra queda perdida en un aparato distinto, será difícil reconstruir qué estaba ocurriendo cuando aparecieron los cambios.
Por eso recomiendo una libreta dedicada a la salud o una tabla que esté accesible para la persona y su familia.
En ella puedes registrar:
- La fecha y la hora.
- El peso.
- La tensión arterial.
- El pulso o frecuencia cardiaca.
- La saturación de oxígeno.
- La temperatura.
- La glucosa, cuando corresponda.
- Los pasos habituales.
- Cambios relevantes: una caída, estreñimiento, menor apetito, más sueño, confusión, dolor o una modificación de la medicación.
Si la persona está bien, recomiendo rellenarla al menos una vez al mes. Si está perdiendo el equilibrio, más despistada, más dormida o presenta algún otro cambio, yo registraría los datos al menos una vez a la semana.
Y si piensas trabajar conmigo, es probable que inicialmente te pida anotar algunos parámetros todos los días durante dos o cuatro semanas. No por acumular números, sino para observar la evolución, relacionarla con los horarios y valorar si la medicación o el plan de tratamiento necesitan algún ajuste.
Los aparatos aportan datos, pero no sustituyen a un médico
Una cifra aislada rara vez explica por sí sola qué está ocurriendo. El mismo valor puede tener significados diferentes según la edad, la fragilidad, los síntomas, la alimentación, la medicación y la situación previa de la persona.
Inteligencia Artificial, ChatGPT y Salud
Esta es información médica y debe compartirse con el médico habitual o con un médico de confianza. No recomiendo entregar la tabla a ChatGPT, Claude u otra inteligencia artificial para que decida si una persona está bien o necesita cambiar su tratamiento.
Son aplicaciones diseñadas para mantener la interacción. Pueden construir una respuesta muy convincente a partir de una premisa equivocada e incluso reforzar la interpretación del usuario. Este fenómeno tiene nombre y merece una explicación propia; hablaré de ello en otra entrada.
Tampoco cambies ni suspendas la medicación únicamente por una medición doméstica. Si aparecen cifras muy alejadas de lo habitual junto con desmayo, dificultad para respirar, dolor torácico, confusión intensa, debilidad súbita o un deterioro rápido, solicita atención médica urgente.
Datos, no suposiciones
Medir no consiste en convertir la casa en un hospital ni en vivir pendiente de cada número. Consiste en dejar de depender de impresiones vagas cuando algo está cambiando.
«Está más torpe», «parece más apagado» o «últimamente duerme demasiado» son observaciones importantes. Cuando además sabemos que ha perdido seis kilos, ha reducido sus pasos a la mitad, mantiene una tensión muy justa o presenta un pulso inusualmente bajo, la conversación médica cambia.
Esa es la utilidad de estas siete herramientas: conocer la situación habitual, detectar una modificación y poder mostrar su evolución. Después vendrá la parte más importante: interpretar esos datos dentro de la historia completa de la persona.
¿Cuál de estas herramientas tienes ya en casa? ¿Añadirías alguna más?
Dra. Paola Ríos Germán, PhD | Geriatría Contigo®
Especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública | Especialista en Geriatría | Máster en Salud Publica | Máster en Cuidados Paliativos | Doctora Cum Laude por la Universidad Autónoma de Madrid