Eclipse solar de 2026: cómo disfrutarlo con seguridad si es una persona mayor

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Mañana, 12 de agosto, millones de personas mirarán al cielo para ver el eclipse. Y seguramente muchas familias querrán compartirlo con sus padres o con sus abuelos.

Pero hay una situación de la que casi nadie está hablando.

Imagine que su madre lleva puestas sus gafas para eclipses, pero en un momento determinado se las quita porque le molestan. O mira por encima para comprobar si «ya se ve». Quizá ha oído que durante unos instantes el eclipse puede observarse sin protección y decide que ese momento ya ha llegado.

Pueden ser solo unos segundos. Y no hace falta tener demencia para hacerlo.

Por eso, cuando hablamos del eclipse y de las personas mayores, no basta con repetir que hay que comprar gafas homologadas. La pregunta verdaderamente importante es otra:

¿Podemos garantizar que esa persona mantendrá las gafas bien colocadas y seguirá las indicaciones durante toda la observación?

Si no podemos garantizarlo, lo más seguro es que no mire directamente al Sol.

No hace falta tener deterioro cognitivo para cometer un error

Una persona puede comprender perfectamente la explicación y, aun así, quitarse las gafas por curiosidad, por incomodidad o porque ve que otra persona lo hace. También puede colocárselas mal, mirar por un lateral o retirarlas antes de tiempo.

En otras personas sí pueden existir problemas de memoria, atención o comprensión. Pueden recordar la indicación al principio y olvidarla unos minutos después. Puede haber deterioro cognitivo sin diagnosticar, dificultad para entender lo que está ocurriendo o una tendencia a imitar a quienes tienen alrededor.

La decisión, por tanto, no debería depender únicamente de que exista o no un diagnóstico de demencia. Debe depender de la conducta que podemos prever y de la supervisión real que podamos ofrecer.

Hay personas mayores que podrán observar el eclipse siguiendo las mismas recomendaciones que cualquier adulto. Y habrá otras para quienes será más prudente verlo en una pantalla o mediante un método de proyección indirecta seguro. La edad, por sí sola, no decide. La capacidad de seguir la indicación de manera constante, sí.

«Pero hay un momento en el que se puede mirar sin gafas»

Durante la totalidad, cuando el Sol está completamente oculto, existe un intervalo muy breve en el que puede retirarse la protección. El problema es que ese intervalo no comienza ni termina a la misma hora en todos los lugares. Además, en muchas localidades la totalidad no se verá o durará muy poco.

En una retransmisión, una voz puede anunciar que ha comenzado la totalidad. Pero una familia que está en la calle, pendiente del cielo, de las gafas y de varias personas a la vez puede no identificar con precisión ese segundo. Y todavía queda algo más difícil: volver a colocar la protección antes de que reaparezca la primera parte del Sol.

Por eso, mi recomendación para las familias es sencilla: si no saben con absoluta certeza cuándo comienza y termina la totalidad en el lugar exacto en el que se encuentran, no retiren las gafas en ningún momento.

No merece la pena convertir unos segundos de observación en una prueba de reflejos ni discutir sobre quién controla el reloj. Ante la duda, las gafas se mantienen puestas o el eclipse se sigue de manera indirecta.

El daño ocular puede ocurrir sin que la persona se dé cuenta

Mirar directamente al Sol puede lesionar la retina. El problema es que la retina no tiene receptores del dolor: la persona puede no notar dolor ni una quemadura en el momento y pensar que no ha sucedido nada.

Las alteraciones visuales pueden aparecer después. Entre ellas se encuentran la visión borrosa, una mancha oscura o distorsionada en el centro del campo visual, cambios en la percepción de los colores o dificultad para leer y reconocer detalles.

Si después de observar el eclipse aparece cualquiera de estos síntomas, debe solicitarse una valoración oftalmológica. No conviene esperar varios días para comprobar si desaparece por sí solo.

Tampoco protegen las gafas de sol habituales, aunque sean muy oscuras, ni las radiografías, los cristales ahumados, los filtros caseros o mirar a través de la cámara del móvil. Para la observación directa se necesitan gafas específicas para eclipses que cumplan la norma ISO 12312-2, que estén en buen estado y se utilicen exactamente como indica el fabricante.

Cómo decidir si su padre o su madre puede verlo directamente

Antes de salir, yo me haría estas preguntas:

  1. ¿Comprende qué va a ocurrir y por qué no puede mirar sin protección? No basta con que responda que sí: debe poder mantener esa indicación durante todo el tiempo.
  2. ¿Tolera bien las gafas? Si se las quita habitualmente, dice que le molestan o intenta mirar por encima, no es una opción segura.
  3. ¿Hay una persona dedicada a supervisarla? Acompañar no es estar cerca mientras todos miran al cielo. Supervisar significa comprobar de forma continua que las gafas siguen bien colocadas.
  4. ¿Existe alguna dificultad visual o física que complique su uso? Una persona con baja visión, temblor, limitación para sujetar las gafas o problemas para colocárselas puede necesitar ayuda específica.
  5. ¿La observación se hará con calma? Las aglomeraciones, las prisas y un entorno desconocido aumentan la posibilidad de errores.

Si alguna de estas respuestas genera dudas, elegir una retransmisión no significa dejar a la persona fuera. Puede compartir la experiencia, comentar lo que ocurre, observar cómo cambia la luz y vivir el momento con su familia sin exponerse a un riesgo evitable.

En las residencias, la recomendación debe ser todavía más prudente

En una residencia puede haber veinte, treinta o cincuenta personas reunidas. Algunas seguirán las instrucciones sin dificultad. Otras pueden olvidarlas. Y otras, sin ningún deterioro cognitivo, pueden quitarse las gafas para limpiarlas, ajustarlas o comprobar si «ya se puede mirar».

Un profesional no puede vigilar de forma continua la posición de las gafas de todas las personas al mismo tiempo. Repartirlas, explicar la norma una vez y confiar en que nadie se las quitará no es supervisión suficiente.

Por eso, en residencias recomiendo seguir el eclipse por televisión o mediante una proyección indirecta segura como opción general. Puede organizarse como una actividad especial, explicar qué está ocurriendo y permitir que las personas participen sin necesidad de mirar directamente al Sol.

La observación directa podría plantearse únicamente en grupos muy pequeños, después de valorar a cada residente y cuando exista supervisión individual real. Si una sola persona debe vigilar a varias a la vez, ya no podemos asegurar que detectará a tiempo quién se quita las gafas o mira por un lateral.

Esta recomendación no pretende infantilizar ni limitar a las personas mayores. Pretende adaptar la actividad al entorno real. La autonomía no consiste en exponer a alguien a un riesgo que no puede comprender o controlar; consiste en buscar una forma segura de que pueda participar.

Si van a salir, preparen también lo más sencillo

El eclipse se produce en agosto y muchas personas permanecerán un tiempo fuera de casa esperando. Conviene elegir un lugar accesible, con posibilidad de sentarse, agua y una zona de sombra. Una persona con problemas de movilidad, cardiopatía, enfermedad respiratoria o mala tolerancia al calor no debería estar de pie en una aglomeración durante un periodo prolongado solo para conseguir una mejor vista.

Esto es secundario frente a la protección ocular, pero también forma parte de una actividad bien organizada. No tiene sentido proteger la retina y olvidar el resto de la persona.

Mi recomendación final

Si su padre o su madre comprende las instrucciones, tolera las gafas específicas para eclipses y tendrá a alguien pendiente durante toda la observación, puede participar de forma directa con las medidas adecuadas.

Si puede olvidarlas, quitárselas, mirar por encima o no habrá una supervisión continua, elijan la televisión o una proyección indirecta segura.

Y en una residencia con muchas personas, esa debería ser la opción habitual.

El eclipse será extraordinario aunque se vea en una pantalla. Una lesión en la retina también puede ser extraordinaria, pero en el peor sentido, y puede no dar ninguna señal de aviso mientras está ocurriendo.

No basta con tener las gafas. Hay que poder garantizar que se usarán bien en todo momento.


Fuentes oficiales:

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Dra. Paola Ríos Germán, PhD
Especialista en Geriatría y Medicina Preventiva
Geriatría Contigo®

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